La transición hacia fuentes de energía más limpias es una necesidad ineludible para República Dominicana. Es un tema que debe encararse con seriedad.
La apuesta por la energía renovable, como la solar y la eólica, no sólo representa un compromiso con el medio ambiente, sino que también garantiza una reducción en la dependencia de combustibles fósiles costosos y contaminantes.
Sin embargo, este camino hacia un futuro más sostenible debe tomarse con cautela y estrategia, evitando riesgos que podrían comprometer la estabilidad del sistema energético nacional. España sufrió una crisis reciente por tener todos los huevos en una canasta en un momento determinado. Faltó planificación, por supuesto, y hubo un exceso de confianza.
La recomendación técnica sería que la energía renovable (sol y viento) no supere el 30% del parque de generación.
Si bien es innegable que las energías renovables deben ser la prioridad en la planificación energética del país, no se puede pasar por alto la necesidad de contar con plantas de generación de electricidad de base y estables, como las de gas natural, carbón y fuel oil. La razón es clara: la diversificación es la clave para un sistema robusto y resistente.
La vulnerabilidad energética de un país aumenta significativamente cuando depende de una sola fuente de generación. Un sistema basado exclusivamente en gas natural, por ejemplo, corre el riesgo de enfrentar interrupciones en el suministro debido a crisis geopolíticas, variaciones en los mercados internacionales o conflictos comerciales.
La solución no radica en elegir entre energía renovable o generación tradicional, sino en diseñar un modelo equilibrado, donde las fuentes renovables ocupen un papel predominante, pero complementadas por tecnologías de generación estable que garanticen la continuidad del servicio.
La diversificación energética no solo protege contra imprevistos, sino que también permite una transición sostenible, sin afectar el desarrollo industrial y el bienestar de la población. El camino hacia una matriz energética limpia y segura exige visión y responsabilidad.
República Dominicana debe seguir fortaleciendo su infraestructura de energía renovable, pero sin desatender las bases que sostienen su estabilidad. Avanzar hacia un futuro más verde es imprescindible, pero hacerlo sin planificación sería un riesgo que el país no puede permitirse.






