Este 5 de junio se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente bajo el lema “Nuestras tierras. Nuestro futuro”. La campaña de este año, liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), resalta la necesidad urgente de restaurar suelos, frenar la desertificación y fortalecer la resiliencia ambiental frente al cambio climático.
Para América Latina y el Caribe, donde más del 25% del territorio enfrenta procesos de degradación de tierras, el mensaje tiene una doble implicación tanto ambiental como económica.
De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), por cada dólar invertido en restauración de tierras, se puede obtener un retorno económico de hasta US$30 en servicios ecosistémicos, productividad agrícola y prevención de desastres naturales. Organismos multilaterales coinciden en que la recuperación de ecosistemas no es solo una responsabilidad ecológica, sino también una oportunidad de desarrollo.
Iniciativas
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) intensificó su apoyo a las finanzas sostenibles en la región, a través de programas de financiamiento climático. En 2024, lanzó un programa regional para ampliar el mercado de bonos verdes y sostenibles, brindando asistencia técnica a gobiernos y municipios para identificar gastos presupuestarios elegibles y alinear las emisiones con los compromisos climáticos nacionales.
Además, el BID, junto con BID Invest y BID Lab, alcanzó el 75% de las metas establecidas en su Marco de Resultados Corporativos para el período de 2020-2023 incluyendo avances en energías renovables, uso sostenible del suelo y financiamiento verde.
Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que las tensiones económicas y el escaso margen fiscal han restringido la inversión en desarrollo sostenible. Según el informe anual de la institución, en 2023 los países en desarrollo destinaron US$1.4 billones al pago de deuda, lo que representa un obstáculo para financiar políticas de adaptación y recuperación ambiental.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyectó que las economías de la región tuvieron un crecimiento del 2.2% en 2024 y será de 2.4% en 2025, manteniéndose como una de las regiones de menor crecimiento a nivel mundial. Este ritmo, considerado bajo en comparación con otras regiones, refuerza la necesidad de vincular la recuperación económica con inversiones en sectores estratégicos como la agricultura sostenible, la bioeconomía y la transición energética.
Asimismo, el Banco Mundial ha incrementado su participación en la región. Durante el año fiscal 2024, aprobó 52 operaciones en América Latina y el Caribe (ALC) por un total de US$9,700 millones, incluyendo compromisos en áreas vinculadas a sostenibilidad. A nivel global, la entidad otorgó US$43,000 millones en financiamiento climático, con planes de aumentar esa proporción al 45% de su cartera para 2025.
En el marco de la COP16, celebrada en Cali, Colombia, lanzó los primeros bonos de biodiversidad del mundo, con respaldo de organismos internacionales. Esta herramienta financiera busca canalizar capital privado hacia proyectos de conservación, protección de cuencas hídricas, reforestación y restauración de hábitats, marcando un precedente para nuevos modelos de financiamiento verde en América Latina.
República Dominicana
En el caso de República Dominicana, los retos ambientales incluyen la deforestación, la presión sobre los recursos hídricos y la degradación de suelos en zonas agrícolas y de montaña. El país perdió más de 60,000 hectáreas de bosque entre 2001 y 2023, según datos de Global Forest Watch.
A pesar de que en el país ha suscrito compromisos ambientales internacionales y ha aprobado marcos normativos como la Estrategia Nacional de Desarrollo Sostenible, el financiamiento destinado a restauración y manejo sostenible de tierras representa menos del 0.3% del presupuesto público.
Sin embargo, existen oportunidades para avanzar hacia un modelo económico más sostenible. La implementación de políticas fiscales verdes, el fortalecimiento de las capacidades institucionales y la promoción de inversiones en sectores como la agricultura sostenible y las energías renovables pueden contribuir a una recuperación económica resiliente y respetuosa con el medio ambiente.
La conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente subraya la necesidad de avanzar hacia una economía que reconozca el valor de los ecosistemas, no solo por su función ecológica, sino como pilares de la estabilidad productiva y social. Es importante articular políticas de desarrollo con estrategias de largo plazo.













