El panorama económico dominicano en 2025 se encuentra en una encrucijada. Las medidas monetarias implementadas por el Banco Central han sido efectivas en controlar la inflación, lo que otorga cierta tranquilidad al bolsillo de los ciudadanos y fortalece la credibilidad financiera del país.
Sin embargo, esta estabilidad no ha sido gratuita: el producto interno bruto (PIB) muestra signos de ralentización preocupantes, creciendo por debajo de su potencial. Sin sea “mal de muchos y consuelo de tontos”, en Estados Unidos caminan por el mismo trayecto.
Lo que sí se sabe, y quizá desde hace rato, que este crecimiento insuficiente genera interrogantes sobre la viabilidad de la ambiciosa meta de duplicar el PIB para 2036.
Aunque el control de precios ha sido exitoso, el enfriamiento de la actividad económica podría terminar socavando los fundamentos necesarios para sostener un crecimiento acelerado y sostenido.
La política monetaria restrictiva, al elevar las tasas de interés y limitar el crédito, ha reducido el consumo y la inversión privada en el país.
Esto, a su vez, se traduce en menor generación de empleo y ralentización de sectores clave como la construcción y el comercio. En Estados Unidos ha sucedido igual.
Si bien el sacrificio tiene sentido desde una óptica antiinflacionaria, la economía necesita estímulos que dinamicen la producción y aceleren el crecimiento. Hay que esperar los efectos de los RD$81,000 millones de facilidad de liquidez.
Es vital que el Gobierno central y las autoridades monetarias revalúen el equilibrio entre control de precios y dinamismo económico.
Medidas focalizadas, como programas de inversión pública en infraestructura, incentivos a la industria local y apoyo al emprendimiento, pueden compensar los efectos contractivos de la política monetaria y contribuir a un crecimiento más robusto.
La meta de duplicar el PIB al 2036 no debe convertirse en una promesa lejana. Requiere planificación estratégica, flexibilidad institucional y compromiso con el desarrollo sostenible. Controlar la inflación es un paso, pero recuperar el ritmo del crecimiento es el desafío que determinará si esa visión de futuro se vuelve una realidad alcanzable.
Confiar es lo que resta. ¿Qué se puede hacer?









