El concepto de economía circular comenzó a conocerse en República Dominicana a partir de 2017. Desde entonces, el país ha dado “pasos importantes gracias a la articulación del Estado y el empresariado para pasar de la teoría a la práctica”.
Así lo plantea Deyanira Suriñach, especialista sénior en economía circular y sostenibilidad de Deuman, durante una entrevista con elDinero, donde expresa que este modelo es una estrategia que reporta beneficios, al tiempo que contribuye con la reducción de residuos en el país.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el país se generan más de siete millones de toneladas de residuos sólidos al año, lo que equivale a aproximadamente 650 kilogramos por habitante, superando el promedio global, que es de 540 kilogramos de residuos por persona al año.
Pese al camino que resta recorrer, Suriñach señala que las empresas dominicanas ya cuentan con acciones de circularidad en sus operaciones. De hecho, ve en la economía circular la oportunidad para reducir costos e incrementar la resiliencia ante los impactos del cambio climático.
Ella considera que el sector público debe ser priorizado en este modelo, ya que el Estado no solo es el ente regulador y fiscalizador, sino que impulsa las políticas públicas. “La economía circular no va a caminar sola si no hay políticas públicas que la sostengan”, expresa.
Sectores
También, entiende que el sector manufacturero podría priorizarse para la transición hacia un modelo circular debido a la incidencia que tiene como generador de residuos. A pesar de esto, puede ser uno de los más beneficiados con la simbiosis industrial, que es parte de la economía circular. Además, del sector manufacturero, podrían priorizarse el turismo, la industria, así como las empresas generadoras de productos de consumo masivo.
De acuerdo con la versión más reciente del Circularity Gap Report, la economía en América Latina y el Caribe es mayormente lineal, con una tasa de circularidad inferior al 1% y un consumo promedio de 12.4 toneladas de materias primas vírgenes per cápita al año, lo que impacta negativamente en los ecosistemas y comunidades locales.
Para Suriñach, las barreras más significativas que enfrenta el país para la transición a una economía circular son la falta de conocimiento y la resistencia al cambio. “Hay un mito de que implementar un modelo de economía circular es sumamente costoso, cuando la realidad es que esa inversión es 100% retornable, porque también se reducen costos operativos”, detalla.
Aunque las compañías deberán reportar y potencialmente cambiar su modelo operacional para cumplir con los requerimientos legales, afirma que hay voluntad en el país. Además, resalta la importancia de los compromisos internacionales que ha asumido Quisqueya para reducir la cantidad de residuos, específicamente los plásticos.
La economía circular viene a ser la respuesta a una gestión de residuos que se ha enfocado solo en las 3R, que son reducir, reusar y reciclar.
Esto así, porque abarca la creación de empresas y empleos, modelos de negocios circulares y rentables, así como la optimización de recursos.
Transición
República Dominicana se encuentra en el corredor de los huracanes. De hecho, más de 180 ciclones han impactado el país en dos décadas, por lo que se han tenido que invertir US$700 millones en daños que impactaron la productividad.
De acuerdo con Suriñach, la “mala” gestión de residuos eleva la emisión de gases de efecto invernadero. “Está demostrado que implementar acciones de economía circular reduce emisiones en más de un 28%”, cuenta.
Agrega que, para que las compañías dominicanas logren transicionar hacia este modelo, la aplicación de herramientas concretas debe seguir una secuencia vital: primero hay que realizar un diagnóstico exhaustivo. Una vez completado el diagnóstico, la empresa debe estructurar y diseñar un modelo o plan de acción circular específico para sus operaciones.
Datos de la “Guía para el financiamiento de la economía circular en República Dominicana” establecen que el modelo de la economía circular ofrece diversos beneficios a la lucha contra el cambio climático, al tiempo que contribuye con los objetivos de la Agenda de Desarrollo Sostenible, especialmente a los de producción y consumo responsable (ODS 12), agua limpia y saneamiento (ODS 6), industria, innovación e infraestructura (ODS 9) y acción para el clima (ODS 13).
La especialista refiere que asumir la circularidad implica dejar atrás el modelo tradicional. No obstante, el reto está en la alta gerencia. De hecho, la transición puede requerir una inversión significativa, que incluye cambiar maquinaria y, en algunos casos, la materia prima.
Asimismo, hizo referencia a la necesidad de crear incentivos para que las empresas grandes y pequeñas se aboquen al modelo circular. En el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), los financiamientos verdes, así como la creación de clústeres o cooperativas son necesarios para que puedan adherirse a una economía verde.
Currículum
Deyanira Suriñach enfatiza que la educación ambiental debe ser integrada de manera obligatoria en el currículo escolar dominicano, no solo a través de talleres, sino como una materia constante desde los primeros niveles.
“Los niños que crecen con estos hábitos se convierten en agentes de cambio, impulsando la separación y el reciclaje en sus propios hogares”, asegura.
De hecho, el artículo 15, numeral 6, de la Ley 64-00 establece como uno de los objetivos particulares “fomentar y estimular la educación ambiental como medio para promover una sociedad en armonía con la naturaleza”. Este objetivo subraya que la educación es una herramienta clave y un medio estratégico para lograr la meta general de la ley: la conservación, protección, mejoramiento, y uso sostenible del medio ambiente y los recursos naturales.
Además, dijo que la alianza público-privada con cooperación internacional es vital para impulsar la cadena de valor circular en Quisqueya. Ella citó proyectos que han demostrado la efectividad de la colaboración.
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