[dropcap]L[/dropcap]a célebre frase de que la delincuencia es solo cuestión de “percepción” en República Dominicana deja de ser una expresión jocosa para aquellas personas que han sido víctimas de la ola de criminalidad que continúa azotando a nuestro país.
En mi caso particular, el pasado domingo 15 llevé a mi hijo de aproximadamente quince meses de edad a jugar en el “Bosque de la Vida”, un parque ubicado en el Ensanche Serrallés entre las calles Agustín Lara y Filomena Gómez de Cova. Siendo un parque ubicado en una zona muy tranquila de la capital, entendía que el peligro que podía correr ahí era bajo, más aún por la cantidad de personas que suelen correr y hacer ejercicios en el mismo.
No obstante, siendo aproximadamente las 9:45 de la mañana, observé a un individuo en un motor acercarse a nosotros (mi hijo, una persona que nos acompañaba y un servidor).
Desde que nos percatamos de las intenciones del individuo, la persona que nos acompañaba recogió a mi hijo y huyó, mientras yo le hice frente al individuo.
Enseñándome su arma de fuego y con amenazas de muerte, me conminó a entregarle mi celular, anillo de boda y reloj, todo a lo cual accedí con la finalidad de evitar una tragedia. Para confirmar que no se trataba de un atraco de oportunidad, el individuo contaba con un cómplice que estaba observando todo el movimiento en la calle.
Otro indicio de que se trataba de una banda organizada era que el asaltante me obligó a revelar el código de acceso a mi celular, y se tomó el tiempo de confirmar que efectivamente el código que le había suministrado era correcto. Asimismo, de acuerdo con el software de rastreo de Apple, pareciera ser que la tarjeta SIM del celular fue removida poco después de ocurrido el atraco.
En este mismo sentido, me pareció muy interesante que apenas 48 horas después de haber ocurrido el atraco, recibí una notificación de Apple en el sentido de que mi celular robado había sido activado en Puerto Príncipe. Es decir, los elementos criminales en nuestro país se mueven rápidamente para “exportar” estos celulares robados, y tienen la capacidad de hacerlo.
Además de tener que haber enfrentado a esta penosa situación habiendo estado con mi hijo, quizás uno de los aspectos que me causó más dolor fue el hecho de creer haber perdido innumerables fotografías –memorias– contenidas en el aparato robado. Al menos en este sentido la historia tiene un desenlace feliz, pues la tecnología moderna permitió recuperar las fotografías, las cuales ¡valen mucho más que cualquier celular!









