Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) dirigidas por jóvenes se enfrentan a obstáculos estructurales e individuales que restringen su capacidad para formalizarse, crecer y sostenerse en el tiempo. De hecho, el 65% de ellas se mantiene en la informalidad, siendo el efectivo el medio de pago por excelencia.
Así lo evidencia el reciente informe de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (Anje), con datos del Banco Central, al señalar que el 95.9% de las mipymes jóvenes informales tomadas como muestra utiliza efectivo para la compra y venta, mientras que el 80.8% de las mipymes juveniles formales también emplea pagos en efectivo.
El informe indica que el uso de medios digitales, como las transferencias electrónicas, aunque tiene una mayor presencia en las empresas formales, no sobrepasa el 40.8%, lo que denota la fuerte dependencia del efectivo en la actividad empresarial juvenil.
Asimismo, cita que, dentro del conjunto de factores que atan a las mipymes jóvenes a la informalidad, figura una carga fiscal elevada en relación con su escala operativa, así como un sistema tributario complejo, en el que incluso el régimen simplificado de tributación no siempre ha logrado traducirse en una simplificación efectiva para las mipymes, soslayando la promesa constitucional de apoyar las iniciativas populares de desarrollo.
De acuerdo con el órgano monetario, el 22.3% de las mipymes jóvenes (formales e informales) considera el pago de impuestos a la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) como uno de los principales obstáculos para su crecimiento.
Por su parte, la conexión al servicio eléctrico constituye el segundo obstáculo (16.8%), mientras que los procedimientos de gestión de la Tesorería de la Seguridad Social ocupan el tercer lugar (10.6%).
El informe subraya que la evidencia presentada muestra que el 65% de estas empresas permanece en la informalidad, especialmente las microempresas y aquellas pertenecientes a sectores de menor productividad. Esta condición, afirma, limita sus ingresos, su acceso al financiamiento, su capacidad de innovación y la protección social de su personal.
Anje asegura que las políticas tradicionales de formalización resultan insuficientes cuando no abordan los factores estructurales que sostienen la informalidad.
En el caso de las mipymes jóvenes, recalca que las barreras regulatorias, tributarias, educativas y financieras no deben observarse de forma aislada; por el contrario, deben analizarse junto con las desigualdades que enfrentan los jóvenes al insertarse en el mercado laboral y emprender.
Explica que las mipymes dirigidas por jóvenes operan dentro de una estructura de desigualdad que condiciona sus decisiones. Asegura que, en muchos casos, el emprendimiento surge como respuesta a la ausencia de oportunidades de ascenso económico y a la presión que existe entre los ingresos disponibles y el costo de la vida.
“Por ello, este flagelo no debe ser asumido únicamente como una cuestión administrativa, sino como una transición que requiere condiciones favorables de impulso para garantizar su viabilidad”, especifica la organización.












