Alejandro Fernández W. deja la Superintendencia de Bancos (SB) tras seis años de una gestión que ha sido valorada y reconocida por haber logrado una transformación institucional sin precedente. Así lo han dejado plasmado diversos gremios del sistema financiero y entendidos en la materia, entre los que están economistas, empresarios y expertos en finanzas. Sin duda, marcó un punto de inflexión estructural para el sector financiero de República Dominicana.
Podría decirlo sin tapujo: deja la vara bien alta. La SB, con apoyo del Banco Central, ha desempeñado un papel preponderante en la consolidación de la estabilidad macroeconómica a través de un sistema financiero más fuerte, solvente y eficiente, así como tecnológicamente más acorde a los nuevos tiempos.
Su legado es evidente en hitos en impulsar la inclusión bancaria, digitalización institucional, modernización de los procesos de fiscalización y un esquema robusto de protección al usuario mediante ProUsuario. Además, quedó demostrada una madurez técnica notable con la salida ordenada de entidades del sistema, lograda sin ruidos ni traumas sistémicos. Ante estas buenas nuevas en materia de fiscalización, la pregunta que debe guiar al presidente Luis Abinader en la designación del próximo incumbente no es solo a quién elegir, sino qué competencias técnicas y estratégicas se requieren para garantizar la continuidad y profundización de estas mejoras.
El nuevo superintendente asumirá una institución tecnificada que exige un liderazgo sofisticado, capaz de navegar un entorno internacional caracterizado por la volatilidad de los mercados, la rigidez de las normativas de adecuación global y la sofisticación de los riesgos tecnológicos.
Sé que todos los protagonistas del sector, los que toman decisiones, están contestes en que el sucesor debe poseer un perfil técnico de vanguardia con un profundo entendimiento de la macroeconomía y la regulación basada en riesgos. El entorno retador actual demanda que el nuevo regulador no solo sea un garante de la solvencia patrimonial del sistema, sino que alinee de manera constante el marco normativo dominicano con las mejores prácticas de gobernanza internacional. Ello implica anticiparse a choques externos y gestionar complejidades.
Además, se requiere un líder con visión de innovación tecnológica y ciberseguridad, como bien demostró Fernández W. La acelerada adopción de nuevas tecnologías financieras y de inteligencia artificial dentro de la banca dominicana exige un supervisor que hable el lenguaje de la transformación digital. Debe ser capaz de regular modelos de negocio emergentes sin asfixiar la innovación, enfocado, por supuesto, en blindar al sistema contra ciberamenazas transfronterizas que puedan comprometer los ahorros del público.
Considero que debe consolidarse el enfoque humano e inclusivo, manteniéndose la tecnificación del sistema, además de apostar por la educación financiera y defender la independencia de la SB. ¡Esperemos!