La violencia contra la mujer continúa manifestándose de manera frecuente en los servicios de salud, aunque no siempre de forma evidente. Así lo plantea la ginecóloga y obstetra Lilliam Fondeur , quien, en entrevista con elDinero, explicó que los consultorios médicos suelen convertirse en espacios donde afloran señales de abuso físico, psicológico o sexual que requieren una respuesta integral del sistema sanitario y de las instituciones de protección.
Fondeur afirmó que la magnitud del problema obliga a observar cada consulta desde una perspectiva más amplia que la estrictamente clínica . “Dos de cada tres mujeres dominicanas han sufrido violencia (ONE, 2021). Por eso, en mi consulta, no existen las consultas de rutina; todas son una potencial escena de auxilio” , expresó.
Explicó que la mayoría de las víctimas no acuden al médico para denunciar una agresión, sino por las consecuencias que esto genera en su salud. “La violencia contra la mujer no llega al consultorio diciendo ‘soy violencia’; llega convertida en dolor, miedo, abandono y silencio”, indicó Fondeur.
Entre las manifestaciones más frecuentes se mencionaron dolor pélvico crónico, infecciones de transmisión sexual persistentes, sangrados uterinos anormales, amenaza de aborto, parto prematuro, trastornos del sueño, ansiedad y depresión.
El especialista señaló que identificar posibles situaciones de violencia requiere observar tanto los síntomas físicos como el comportamiento de los pacientes. Indicó que deben llamar atención la conductas como evitar el contacto visual, responder con monosílabos, llorar con facilidad o mostrar cambios de actitud cuando la pareja ingresa al consultorio.
También se destacaron situaciones en las que el acompañante responde por la paciente, controla la conversación o insiste en permanecer durante el examen ginecológico. En el plano físico, señaló que moretones en muslos, brazos, espalda o senos, lesiones en distintas etapas de cicatrización y explicaciones que no coinciden con los hallazgos clínicos constituyen señales que ameritan una evaluación más profunda.
Miedo y desconfianza dificultan la activación de protocolos
Al referirse a los obstáculos que enfrenta el médico personal para activar mecanismos de denuncia o protección, Fondeur sostuvo que el problema va más allá de la disposición de los pacientes. “El mayor obstáculo no es la paciente, es un personal de salud que también tiene miedo y que no confía en que el Estado lo va a respaldar”, afirmó.
Explicó que muchos profesionales temen represalias de los agresores y cuestionan la capacidad del sistema para garantizar la seguridad tanto de las víctimas como de quienes activan las rutas de protección.
Asimismo, señaló que todavía existe desconocimiento sobre el Protocolo Nacional de Atención a la Violencia contra la Mujer y los procedimientos de referencia institucional.
Sobre la atención a niñas, adolescentes embarazadas y víctimas de agresión sexual, la ginecóloga indicó que los servicios disponibles no siempre cumplen con todos los componentes establecidos por las normas sanitarias.
“Aunque el Ministerio de Salud Pública establece que toda víctima de violencia sexual debe recibir atención inmediata e integral, esa todavía no es la realidad en todos los centros de salud”, manifestó.
Precisó que la atención integral debe incluir anticoncepción de emergencia, profilaxis posexposición al VIH, tratamiento preventivo para infecciones de transmisión sexual, vacunación o inmunoglobulina contra hepatitis B cuando corresponda, profilaxis antitetánica, apoyo psicológico inmediato, documentación médico-legal y activación de la ruta de protección.
“Es inaceptable que el acceso a la anticoncepción de emergencia, la profilaxis para VIH , el apoyo psicológico o la preservación de las evidencias dependa del hospital donde una víctima busque ayuda”, agregó.
El reto del seguimiento después del alta médica
Fondeur reconoce que existe un protocolo que establece la valoración del riesgo, la elaboración de un plan de seguridad y la referencia del paciente a la red de protección integrada por las instituciones competentes.
No obstante, asegúrese de que la continuidad de ese acompañamiento no siempre se produzca en la práctica.
“El éxito no es dar una alta médica; es que esa mujer nunca tenga que volver a un hospital por otra agresión”, sostuvo.
A su juicio, mientras no exista un seguimiento efectivo, el sistema sanitario continuará atendiendo las consecuencias de la violencia sin lograr intervenir oportunamente para evitar nuevos episodios.
Como prioridad para mejorar la respuesta sanitaria frente a la violencia de género, el especialista planteó la necesidad de humanizar la atención médica.
“La violencia no se descubre en una consulta apresurada; hay que darle tiempo a la mujer para hablar, mirar más allá de los síntomas y comprender que muchas veces lo más importante no está en el examen físico, sino en aquello que nunca se había atrevido a contar”, expresó.
Además, se indicó necesario fortalecer la capacitación del personal de salud desde las universidades, durante las residencias médicas y mediante programas de educación continua.
“No basta con saber tratar una lesión; debemos formar profesionales capaces de reconocer la violencia, documentarla correctamente y responder de manera oportuna”, afirmó.
Para Fondeur, la responsabilidad del sistema de salud debe centrarse en la detección temprana de la violencia, la activación de una atención integral y la articulación efectiva con los mecanismos de protección del Estado para evitar que las víctimas continúen expuestas a nuevas agresiones.
Esta entrevista forma parte del reportaje “Del hospital a los tribunales: las grietas del sistema sanitario ante la violencia de género en RD”, publicado en elDinero en septiembre de 2026.












