[dropcap]E[/dropcap]l Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) realizó el primer diálogo para la acción (DIA), un espacio previsto para poner en contexto diversos temas de la realidad económica, política y social de República Dominicana. Estos encuentros o conversatorios constituyen una oportunidad de alto nivel para exponer las posiciones más diversas de frente a la opinión pública.
La madurez democrática que ha alcanzado el país en los últimos años es suficiente para entender que es necesario encaminar la meta hacia el fortalecimiento institucional. La transparencia, desde el punto de vista pragmático, debería ser lo común y no la excepción. La claridad permite ver el camino a todos los entes económicos y sociales. Apostar a un país con instituciones fuertes es, o debería ser, una decisión colectiva.
El Intec abrió el ciclo por todo lo alto, pues lo hizo con Rafael Blanco Canto, Isidoro Santana y Pedro Silverio, tres figuras con arraigo suficiente para ser escuchadas. No estuvieron de acuerdo en todo, pero en lo que sí coincidieron es en que antes de negociar un pacto fiscal, el Estado dominicano debe recuperar la confianza de la ciudadanía. Y tienen muchísima razón.
Blanco planteó que República Dominicana requiere un cambio en el sistema político que elimine el clientelismo, así como la modificación de las leyes Electoral y de partidos, y asegurar la independencia de instituciones como la Junta Central Electoral, Tribunal Superior Electoral, Tribunal Constitucional, Suprema Corte de Justicia, Procuraduría General de la República y la Cámara de Cuentas.
El expresidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) entiende que para discutir un pacto fiscal se requieren unas condiciones previas, como resolver el déficit cuasi fiscal del Banco Central, que está estimado sobre los RD$450,000 millones, y buscar una salida a las pérdidas millonarias del sector eléctrico, por motivo de robo, mal estado de las redes e ineficiencia en los cobros.
“Mientras no cambiemos el sistema clientelar que maneja la política dominicana, nosotros podemos darle todos los recursos, podemos darle el 100% de los recursos que genera el sector privado al Estado, tal y como está estructurado, el clientelismo político va a dilapidar el 100% de los ingresos que le entreguemos al Estado. Que no nos quepa la menor duda al respecto”, afirma el empresario.
Blanco se va un poco más lejos: el deterioro institucional y el ambiente de impunidad, por ejemplo frente a la corrupción, es enemigo de cualquier pacto. Es muy difícil llegar a grandes acuerdos sino se resuelven estas cosas.
Silverio, en su rol de economista, también considera un pacto fiscal, aunque entiende que el éxito de todo cambio va a depender, cada vez más, de la posibilidad de establecer relaciones virtuosas en reciprocidad entre el Estado y la ciudadanía. Afirma que “eso influye en la transformación de la gestión pública, que busca la rendición de cuentas, mejorar la calidad de los recursos fiscales y la calidad de su uso”.
Santana, que es el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, también se inscribe en esta línea de ser transparentes. A su entender, el deterioro institucional y el ambiente de impunidad frente a los actos de corrupción pública que impera en República Dominicana son enemigos de cualquier pacto.
¿Qué falta ahora? Pasar del discurso al hecho.






