No se sabe cuánto tiempo llevan los campesinos frente a la minera Barrick Pueblo Viejo, pidiendo reivindicaciones. Es una imagen que no se ve bien. Hay que buscarle una salida amistosa. Lo lógico es determinar dónde está la razón. La justicia, por supuesto, habrá de tener la última palabra.
Lo que sí está demostrado es que el interés principal es económico, sin que se quiera decir que uno u otro tiene ganancia de causa o razón.
Para una empresa que, hasta prueba en contrario, ha hecho una gestión eficiente en la explotación de esa reserva mineral del país, no es positivo mantener durante tanto tiempo a seres humanos durmiendo en precarias condiciones.
Quizá la minera ha jugado a darle “tiempo al tiempo” para que se diluya. Sin embargo, no parece que estos ciudadanos dominicanos estén dispuestos a cejar.
No conviene, para nadie, que siga este escenario de carpas y personas en clara protesta y que nadie, ni siquiera el Gobierno, les haga caso.












