No hay duda de que muchas empresas medianas y pequeñas les temen a ser formales. Las autoridades, quizá, han sido las responsables históricas de que esto suceda.
Hay dos razones posibles: una debe estar relacionada con el desconocimiento casi generalizado sobre las ventajas que tienen las empresas formales ante el Estado, pero también como sujetos económicos; y otra al temor de ser fiscalizados porque hay que reportar impuestos cada mes y, por qué no decirlo, el tedioso pago de anticipo sobre la renta, que se vuelve insoportable para la mayoría de las empresas.
Ante todo, el Estado y sus administradores han tenido la culpa histórica de que el desarrollo no haya sucedido en orden. La creación de una cultura ciudadana, desafortunadamente, ha estado supeditada al cuidado de la imagen particular de nuestros políticos, afectando el verdadero desarrollo.





