Las circunstancias de la vida convirtieron a Carmen Ramos Hernández en una luchadora incansable. Y no se puede cansar. No tiene más opciones. Al quedarse viuda, con dos hijos a temprana edad, se acostumbró, por obligación, a ser la primera en acostarse y la última en levantarse. Un colmado es todo lo que ha tenido para echar hacia delante.
Su caso es, sin quizá, el ejemplo de miles de mujeres que han sabido demostrar que su fuerza de voluntad las ha hecho ser más fuertes, sobreponiéndose a las adversidades. En todos los niveles sociales, históricos, culturales y económicos hay mujeres que han sabido poner en alto su género. Educadoras, empresarias, amas de casa, políticas, artistas, secretarias, ejecutivas, ingenieras, abogadas, conductoras, pilotos y todas las actividades productivas son seres humanos dignos de reconocimiento y admiración.
Como madre, el rol más importante que la naturaleza les ha dado desde el punto de vista biológico, son la demostración viva de que su existencia está por encima de cualquier otra condición. En todo caso, la mujer es un ente productivo, positivo y que aporta al desarrollo de la sociedad. Sin embargo, el Centro de Estudios de Género del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (CEG-Intec) señala que existen barreras infranqueables que restringen los cambios en la condición de las mujeres en República Dominicana.
Afirma que existen al menos cinco factores nodales en lo económico, político y social que pueden ser considerados causantes de la condición de desigualdad que afecta a las mujeres. Se cita como un primer factor la inmutabilidad de una cultura machista, que sustenta y naturaliza las múltiples formas de discriminación y violencia contra mujeres y niñas, desde los micro machismos cotidianos hasta las manifestaciones extremas, como los feminicidios y los incestos.
A pesar de estos resultados, es de orden señalar que la sociedad ha ido aprendiendo el valor que tiene la mujer como ente productivo. Nadie está en capacidad de negar que los hogares liderados por mujeres tienen una mayor tasa de éxito cuando se comparan con el promedio de los que son presididos por hombres. Es necesario que el Estado asuma su rol con mayor responsabilidad ante la mujer dominicana. No basta con un Ministerio y programas especiales con miras a proteger la integridad de la mujer, lo más importante es hacerla partícipe del desarrollo.





