La generación de divisas en la economía dominicana se sustenta, fundamentalmente, en cuatro pilares: inversión extranjera, turismo, exportaciones y remesas. De estas variables hay tres que dependen del entorno internacional y de la percepción de estabilidad que tengan los tenedores de capitales. Lo único que, de cierta manera, obedece a una decisión local, sin contar las variables exógenas inherentes, son las exportaciones.
Sin embargo, en el caso de las remesas, independientemente de la cantidad, es oportuno apuntar que su impacto en la vida de las familias o en el manejo de la economía del día a día representa una posible y única fuente segura de certidumbre para solventar sus gastos en alimentación, salud, vivienda, vestido y otros. Aunque la mayor ponderación respecto al total recibido por año se queda en las grandes urbes, por razones lógicas, lo que llega a las zonas más deprimidas significa todo para miles de dominicanos.
Los datos oficiales establecen que desde 2010 hasta el año pasado el país percibió poco más de US$43,000 millones por concepto de remesas registradas, sin contar que hay una cantidad indeterminada que llega en los bolsillos de visitantes dominicanos no residentes cuando vienen a pasar una temporada con sus familias.
Para la economía de país, en términos de la cuenta corriente de la balanza de pagos, las remesas conforman la segunda fuente de divisas después del turismo. De hecho, ahora superan a las zonas francas y las exportaciones nacionales. De US$3,682.9 millones recibidos en 2010 durante el año pasado fueron US$6,494.1 millones, para un aumento relativo de un 73.3%, es decir, US$2,811.2 millones en este período. Es, sin quizá, una de las fuentes generadoras de divisas de mayor crecimiento y estabilidad en los últimos años.
Ahora bien, la estabilidad y certidumbre de las familias, o bien de una economía, no debería depender, en sentido general, de las remesas. Aunque son bienvenidas en cualquier sociedad en desarrollo, como República Dominicana, no son la mejor receta para sacar de la pobreza. Su alta dependencia de lo que suceda en términos económicos en el país emisor las vuelve vulnerables. Además, en muchos casos, es un dinero que en una alta ponderación se va en alimentación.
Exhibir como un logro el ingreso de más divisas vía las remesas tiene una lectura que no podría ser muy bien vista: si entran más dólares por esta razón es porque más dominicanos emigran huyéndole a las precariedades económicas. La mejor opción es impulsar el desarrollo de la gente localmente.







