El modelo de innovación de triple hélice de Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff se refiere a un conjunto de interacciones entre la academia, la industria y los gobiernos, para fomentar el desarrollo económico y social.
Las interacciones entre universidades, industrias y gobiernos han dado lugar a nuevas instituciones intermediarias, como agencias de innovación, oficinas de transferencia de tecnología y parques científicos. Su interacción ha permitido el fortalecimiento de los ecosistemas nacionales de innovación fomentando la creación de emprendimientos, el desarrollo de la innovación y de nuevas tecnologías, el fortalecimiento de los recursos humanos y la mejora de la competitividad nacional.
En la interacción entre la academia y las empresas, el papel inicial de las instituciones de educación superior es proporcionar educación a las personas e investigación básica. En un modelo lineal de innovación supone que las universidades deben proporcionar la investigación sobre la cual la industria se basará para producir bienes comerciales.
Sin embargo, en el último informe de la OCDE “University-Industry Collaboration: New Evidence and Policy Options”, se pone en evidencia una transferencia de conocimiento basada en una vinculación entre la academia, los centros de investigación y las empresas que no es unidireccional y lineal, sino más bien interactiva y colaborativa.
La co-creación de conocimiento es generado por equipos mixtos conformados por miembros de la academia, de los centros de investigación y la industria reconocida como parte importante para el desempeño de la innovación y la competitividad nacional.
Es decir, que la participación de la empresa debe presentarse desde el inicio del proyecto para obtener resultados de transferencia de conocimiento que difícilmente se dan en un modelo lineal.
La interacción entre la academia y la industria puede presentarse en diferentes grados de intensidad de corto a largo plazo y bajo diferentes modalidades incluyendo formación de recursos humanos, pasantías, desarrollo de proyectos de investigación, convenios de colaboración, prestaciones de servicios y de laboratorios, co-invención, venta o licenciamiento de patentes.
En República Dominicana la cultura de colaboración universidad-industria se encuentra en los niveles más bajos en donde la interacción se limita a las pasantías y transferencia de recursos humanos.
En los países en donde se evidencia un nivel de interacción elevado, las empresas tienen acuerdos de colaboración para el desarrollo de proyectos conjuntos en donde ambas partes se benefician no sólo en el intercambio de conocimiento sino también en los resultados de investigación, transferencia tecnológica e innovación mediante modelos de licenciamiento de patentes, participación accionaria o participación basados en los ingresos generados por la comercialización de los productos o servicios creados en conjunto. Este tipo de interacción ha sido muy bajo y se ha ido incrementando recientemente pero con grandes dificultades y precariedades.
En nuestro país contamos con el Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI), el Centro para el Desarrollo Agropecuario y Forestal, el Parque Cibernético de Santo Domingo (PCSD) así como los diferentes centros de investigación en algunas de las instituciones de educación superior cuyas investigaciones se ven concentradas principalmente en la UASD, PUCMM, INTEC, UNIBE, UFHEC.
La mayor parte de las investigaciones en nuestro país, jaladas por los moños, son financiadas con el limitado Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico (FONDOCYT), un fondo con muy pocos recursos que no llega a los RD$200 millones (aproximadamente) por año, equivalente a US$ 4 millones de dólares, similar a la cantidad que se invierte en un sólo proyecto de investigación en una universidad española consorciada con una empresa europea.
La mayor parte de esos fondos son destinados a proyectos de investigación básica en las áreas de agroindustria y salud, y no vienen de la mano del empresariado. Existen otros fondos como el FONIAF que hasta la fecha no ha contado con recursos para financiar proyectos de investigación básica ni mucho menos de innovación y transferencia tecnológica.
De hecho, el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales depende altamente de FONDOCYT para financiar sus proyectos. En ese contexto, con limitados recursos no podemos tampoco esperar que logremos generar una gran transformación de nuestra economía. La interacción triple hélice es débil y requiere de importantes reformas para fortalecerla.
Sin desmeritar el gran trabajo de mis amigos en la industria cinematográfica, la industria de cine en el país cuenta con más recursos para financiar proyectos como LOTOMAN 1,2 y 3, SANKY PANKY o QUÉ LEÓN que para el desarrollo de soluciones para mitigar los efectos del cambio climático o que ayuden a potenciar el sector agroindustrial y las PYMES a insertarse en las cadenas de valor globales o al desarrollo de emprendimientos de base tecnológica y de futuros unicornios dominicanos. No hay coherencia en las prioridades nacionales cuando las empresas dominicanas reciben un incentivo de 25% de crédito fiscal transferible más la exención del ITBIS para la realización de una producción cinematográfica cuya inversión no debe ser menos de US$500 mil.
Con ese mismo instrumento, el “corporate venturing” puede ser una realidad para potenciar el sector de capital riesgo y financiar a las PYMES que puedan escalar e internacionalizarse, financiar emprendimientos tecnológicos que puedan acceder a los ecosistemas de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa y financiar proyectos de innovación bajo la fórmula de “Matching funds”.
En la vinculación entre academia y gobierno, de acuerdo Etzkowitz y Leydesdorff, la fuerza de las interacciones entre el gobierno y las universidades depende en gran medida de la relación general del gobierno y la política hacia la educación superior. Cuando el gobierno es la principal fuente de financiación tiene una mayor influencia en las universidades y en la investigación que realizan así como en las prioridades estratégicas, los objetivos y las metas a alcanzar que puedan incidir en el desarrollo económico y social del país.
Por otra parte, la relación entre el gobierno y la industria depende de la actitud del gobierno hacia el mercado. En las economías liberales, el papel del gobierno se limita a prevenir las fallas del mercado. Donde el gobierno está más involucrado en la economía, el papel del gobierno es la regulación de la industria.
Nuestra economía es basada en un modelo económico mixto que favorece los mecanismos de mercado, con limitada participación del gobierno en temas regulatorios y mediante alianzas público-privadas para gestionar empresas en sectores estratégicos. Por lo tanto, uno de los principales roles de nuestro gobierno es el de prevenir las fallas del mercado mediante el desarrollo de políticas coherentes alineadas a una estrategia nacional de desarrollo.
En ese sentido, de acuerdo a la publicación de la OCDE “Science-industry knowledge exchange: a mapping of policy instruments and their interactions” se hace hincapié en la importancia del policy-mix o la integración de políticas públicas mixtas y su interacción a favor de la transferencia de conocimiento. Mediante una análisis comparativo de los países miembros y sus diferentes políticas distribuidas en políticas financieras, políticas regulatorias y políticas blandas se evidencia una serie de instrumentos que deben estar articulados con el fin de potenciar la innovación. Cada país tiene su propio contexto de lo que funciona y lo que no.
El gobierno juega un rol importante en propiciar un terreno de juego favorable a la innovación mediante un marco que potencie las interacciones entre el sector privado y la academia para estimular la transferencia tecnológica, la innovación y el desarrollo de las economías. La triple hélice debe ser una prioridad nacional y debe ser colocada en una agenda de desarrollo 2030.
En una economía más democrática y más inclusiva el modelo debe migrar hacia el modelo Quadruple basado en la colaboración con el ciudadano o usuario final favoreciendo la innovación desde la perspectiva de las personas que conforman la sociedad. Si logramos empoderar a la ciudadanía dominicana en ser más participativa en los procesos y utilizando las nuevas tecnologías podremos diseñar soluciones a la medida basado en innovación abierta, en data y en la colaboración entre los diferentes actores.





