[dropcap]C[/dropcap]iertamente analicemos un poco el fenómeno de las llamadas “marcas blancas”. Pero hagámoslo desde la perspectiva única y adecuada de las marcas tradicionales de la historia.
¿Cómo es posible que los consumidores del mundo hayan abandonado aquellas marcas tradicionales de toda una vida de vinculación, por otras que ofrecen tener la misma experiencia pero sin personalidad alguna? ¿Se habrán sentido engañados por entrañables acompañantes de consumo de vida y experiencias? Porque del sabor de la experiencia aún no se cansan. ¿Cuánto ocupará el ahorro en estas decisiones o la confianza ganada tras los años?
John Gerzema y Ed Lebar escribieron un libro analítico y correctivo que titularon “The brand buble” en 2008. El libro trata de manera profunda los escenarios que han cambiado desde la percepción del hombre y el problema que abordan aquellas marcas grandes que sostienen una burbuja en el precio de sus acciones, sobre una realidad desinflada de consumo y fortaleza desde la opinión y decisión de los consumidores.
Cada vez más marcas blancas salen a la caza de nuevas cabezas.
Las enormes cadenas de supermercados norteamericanas, tales como Publix, Walmart, Shop Rite y Target, para mencionar sólo algunas, son dueñas de marcas blancas que acompañan la promesa de ser iguales en experiencia, con un contundente peso de economía. Estas no sólo han entrado en productos generales de consumo masivo, tales como ropa, comida, sazones, higiénicos, sino igualmente en suplementos naturales y medicinas OTC (over the counter).
Si pensamos por un minuto lo que ocurre en la mente de un consumidor cualquiera, que parado frente a una góndola avista un producto que le ha acompañado quizás por todos sus años de existencia, y aun así echa mano de aquel que le queda al lado, aquel que promete lo mismo y por demás ahorro.
Luce entonces que las marcas se enfrentan a un escenario no definido que sugiere el replanteamiento total de las antiguas esferas de comunicación comercial de marketing, intuyendo que estemos enfrentando a un consumidor que ha cambiado tanto, que cambiar es parte de su realidad intrínseca.
Aquellos modelos fracasados y obsoletos de agenciar propuestas desde las marcas hacia los consumidores dan indicios de haber muerto.
¿Será que las marcas tradicionales, víctimas de la burbuja, se han atribuido un costo superior al que los consumidores están dispuestos a pagar? ¿Será que el reencuentro entre marcas y consumidor propone un escenario diferente de espacio y tiempo?
El modelo de hacer mercadeo que exige este tiempo, es un modelo que debe estar en constante análisis, revisión y medición de desempeño. Es por ello que los departamentos de mercadeo de las empresas desarrollan consultorías de manera constante con empresas o expertos. Muchas veces es incosteable generar una nómina fija con talentos preparados en ese orden.
Paradoja de la vida es que a esas monstruosas “marcas blancas” le dieron vida a los fabricantes de marcas tradicionales, y este es quizás el mejor ejemplo del desenfreno del hombre en su vorágine por hacer cada vez más negocios, vender más, generar mayores riquezas; aquello que en cierta manera nos ha llevado como humanidad a devastar el planeta de sus recursos naturales.
A este punto el apetito poco intuitivo del hombre en ciertas acciones ha traído como consecuencia un problema mayor para la vida de las grandes marcas, y así como el sol sale para todos, hoy día las marcas blancas se broncean y toman un color más sexy.










