Asistí a una conferencia organizada por el puesto de bolsa Alpha, donde el economista Nassim Alemany presentó sus perspectivas sobre nuestra economía. En su intervención, destacó los buenos resultados que proyecta la República Dominicana frente a la economía mundial, describiéndola como una de las más dinámicas de la región, con una tasa de crecimiento estimada del 3.2% para 2024 y 3.3% para 2025.
“En el informe presentado por Alemany, se subraya que la República Dominicana es una de las economías de mayor crecimiento en la región, con una proyección del 5.1% para 2024, según estimaciones del FMI, lo que la posiciona como el país con mayor expectativa de expansión económica en América Latina. Este crecimiento está en sintonía con el buen desempeño mostrado entre enero y agosto de 2024, impulsado principalmente por sectores como el turismo, las zonas francas y la construcción. Alemany señaló que, a pesar de las incertidumbres globales, el país ha mantenido un crecimiento sólido, respaldado por una inversión extranjera directa (IED) sostenida, especialmente en áreas clave como el turismo y la energía”.
En el informe de la institución, se aclara que los principales motores de este crecimiento son el turismo, las zonas francas y la construcción. Aunque no se mencionan las remesas, es indudable que también tienen una influencia significativa. De estos factores, se desprende la crítica de la señora Bonnetti, quien argumenta que el país carece de una visión clara para el futuro. Según ella, no se destacan lo suficiente los aportes del sector industrial, el cual tiene un impacto considerable en las condiciones sociales del país debido a su capacidad para generar empleo y crear riqueza.
Muchos de nuestros economistas elogian el crecimiento y la solidez de la economía dominicana, comparándola favorablemente con otras naciones de la región. También escuchamos comentarios positivos de visitantes extranjeros, quienes valoran la estabilidad y tranquilidad de nuestro país. Y sí, tenemos mucho que agradecer y celebrar, especialmente al compararnos con países vecinos que enfrentan altas tasas de desempleo y delincuencia. Sin embargo, lo preocupante es que, a pesar de tantos años de crecimiento continuo, seguimos arrastrando grandes desigualdades y pobreza, donde el salario de la mayoría de la población no cubre ni siquiera la canasta básica.
Aunque todos somos conscientes de estas disparidades y problemas, no hemos sido capaces de corregirlos ni de plantear soluciones.










