La producción de arroz en República Dominicana ha sido históricamente un pilar para la seguridad alimentaria y la economía nacional. Con un consumo que ronda los 13.7 millones de quintales anuales, el país ha logrado mantener su autosuficiencia en la producción del cereal, alcanzando un promedio de 12 millones de quintales por año en la última década.
No obstante, el sector enfrenta desafíos ante la liberalización de aranceles para la importación establecida en el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica (DR-Cafta), vigente desde 2006 y cuya desgravación total entró en vigor en 2025.
Desde su incorporación al DR-Cafta, el país asumió el compromiso de abrir gradualmente su mercado a productos extranjeros, con la expectativa de fortalecer su comercio y mejorar la competitividad de su producción local.
En el caso del arroz, se estableció un período de 20 años para permitir la adaptación de los productores nacionales a las nuevas condiciones del mercado. Durante este tiempo, la mecanización y la innovación tecnológica han transformado el sector arrocero dominicano.
El productor Oliverio Espaillat explica que la mecanización ha permitido una mayor eficiencia en el proceso de cultivo. El uso de equipos especializados ha optimizado la preparación de terrenos, la construcción de muros y el desorille de los campos, procesos que anteriormente se realizaban de manera manual. Además, la implementación de nivelación con tecnología láser ha mejorado la productividad en los sistemas de cultivo, tanto en secado como en agua.
Otro avance ha sido la introducción de drones para la aplicación de herbicidas y la siembra, lo que ha reducido costos y aumentado la precisión en la distribución de insumos.
A nivel genético, el desarrollo de variedades de arroz con mayor resistencia y mejor calidad ha sido posible gracias a centros de investigación como Bio-Arroz en Bonao.
Espaillat señala que estos avances han permitido mejorar la calidad del producto final, ajustándose a las exigencias del consumidor dominicano, que demanda un arroz de grano largo y buena cocción. A pesar de estos logros, el sector enfrenta amenazas. Como el cambio climático que ha obligado a los productores a modificar sus ciclos de siembra para adaptarse a las variaciones en las precipitaciones y temperaturas.
“Hemos cambiado la época de siembra en varias zonas del país. Tenemos que adaptarnos a los cambios que nos está trayendo el clima”, señala.
Otro desafío es la competencia con el arroz importado, que en muchos casos llega al país a precios más bajos que el producido localmente y con mejores niveles de calidad.
¿Por qué se importa?
Aunque República Dominicana es autosuficiente en la producción del cereal, el año pasado las importaciones, que promediaban los 26,590.5 quintales por año entre 2015 y 2023, sumaron 100,000 quintales, debido a una baja en el inventario.
Espaillat atribuye este aumento a una combinación de factores, entre ellos el crecimiento en el consumo nacional, que ha pasado de un millón a 1.3 millones de quintales mensuales en los últimos años, impulsado en parte por el auge del turismo.
La mayor parte de este arroz importado provino de Estados Unidos, mientras que una fracción menor llegó desde Sudamérica y Asia.
Señala, además que una partida se está exportando hacia Haití, ya que debido a los problemas político-sociales sus puertos y aeropuertos están cerrados. “Siempre de una manera u otra se busca la forma de pasar ciertas cantidades porque están luchando contra el hambre”, comenta.
Para enfrentar la liberalización total del comercio de arroz, el Gobierno dominicano tomó medidas para proteger a los productores nacionales. A finales de 2024, se aprobó la Ley 75-24, que modifica la Ley 589-16 sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria.
Esta ley, junto con la Resolución 75-24 del Consejo Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conassan), ha servido de base legal para la emisión del Decreto 693-24. Este decreto busca establecer mecanismos que permitan evitar la entrada masiva de arroz importado sin aranceles, a pesar de las disposiciones del DR-Cafta.
Ante la decisión gubernamental, Espaillat se muestra optimista sobre la situación del sector arrocero.
“En febrero de 2025 tenemos un inventario estable de 5.4 millones de quintales y no hay que preocuparse por el tema del arroz”, manifestó Espaillat. “Ya la cosecha va a iniciar este mes en la zona de Castañuelas, en el nordeste del país, y en marzo comenzará en el Cibao Central. Abril y mayo son meses de alta producción, lo que garantizará el abastecimiento del mercado”, agregó.
El arroz que se importó el año pasado no les afectará, ya fue el completivo que se calculó para tener el balance necesario en el país, expresó el productor y milinero, al tiempo que aclara que el sector sigue estable, pues tienen suficiente arroz guardado para tres o cuatro meses.
Protección
La protección al arroz se estableció en el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Centroamérica (DR-Cafta) en 2006 con un 99% de arancel y cuota límite cada año que se iría desmontando gradualmente en los próximos 20 años.
En 2024 la cantidad importada ascendió a 157,183 toneladas métricas, y el presidente Luis Abinader emitió un decreto para establecer una cuota máxima de 23,000 TM este año y los siguientes.












