República Dominicana enfrenta un desafío estructural en materia fiscal: No se puede ocultar que la insuficiencia de ingresos está comprometiendo la ejecución de proyectos esenciales para el desarrollo del país.
La falta de liquidez del Gobierno, no así de solvencia, ha generado retrasos en más del 70% de las obras presupuestadas para este año, afectando el crecimiento económico y la calidad de vida de los ciudadanos.Grandes iniciativas, como la ampliación del Metro de Santo Domingo, la modernización de la autopista Duarte, la circunvalación de Baní y de Los Alcarrizos, así como el monorriel de Santiago, han seguido un ritmo que espanta ante la imposibilidad de asignar los recursos necesarios.
Esta realidad pone de manifiesto la urgencia de fortalecer la capacidad recaudatoria del Estado y evitar el financiamiento constante como única solución a los déficits presupuestarios. Por supuesto, siempre es saludable vigilar la calidad del gasto. Buscar más recursos es necesario, pero eso deben venir acompañado de un compromiso que evite el dispendio en favores políticos y partidarios.
Es fundamental que el Gobierno, el sector empresarial y la sociedad en su conjunto admitan que el problema de fondo radica en la ineficiencia del gasto público y en un sistema tributario que aún no alcanza su máximo potencial.
La alta dependencia que tiene el Gobierno del endeudamiento limita su capacidad de inversión en infraestructura y compromete la estabilidad económica a largo plazo.
Además, la tendencia a un Estado paternalista, con un gasto corriente elevado, ha reducido los recursos disponibles para proyectos estratégicos que impulsan el desarrollo sostenible. Sin recursos suficientes no hay cronograma ni promesa que se cumplan.
La mejora en la calidad del gasto es una necesidad urgente, lo que implica optimizar la gestión de los fondos públicos y garantizar que cada peso invertido genere un impacto positivo en la economía y en el bienestar de los ciudadanos. El reto de transformar la política fiscal en una herramienta para el desarrollo es persistente.
La solución no está únicamente en aumentar los impuestos, sino en ampliar la base tributaria, reducir la evasión fiscal y eliminar las distorsiones en el sistema de recaudación. Un país con finanzas sanas y previsibles puede proyectar un crecimiento sostenido sin depender de préstamos constantes.




