República Dominicana estrena este 2026 con un horizonte cargado de promesas, pero también de señales que exigen una lectura profunda y honesta. Prever debe ser un imperativo.
Podría decirse que navegamos en un mar de optimismo fundamentado: el turismo sigue rompiendo récords, la estabilidad política nos distingue en la región y el dinamismo económico, aun con una ralentización del crecimiento al cerrar en torno al 2.1%, es palpable desde el punto de vista macroeconómico. Sin embargo, este brillo no debe cegarnos ante las grietas estructurales que persisten en los cimientos de nuestra prosperidad.
Como bien han señalado recientemente el ministro de Hacienda y Economía, el país no atraviesa hoy una crisis de deuda. Gozamos de una solvencia que es envidia de muchos vecinos. Hemos, incluso, mejorando en nuestra clasificación de riesgo.
Pero es precisamente esa posición de relativa calma la que nos otorga la oportunidad, que ojalá no sea la última en este ciclo, de aplicar la “medicina preventiva” antes de que el malestar sea crónico. No se trata de ponerle parche al Presupuesto, sino de transformar el Estado.
Es imperioso convocar a los sectores más influyentes y tomadores de decisiones a una mesa de diálogo nacional con un solo punto en la agenda: la reforma fiscal integral. Sería casi imposible si quiera hablar de este tema si dejamos pasar esta oportunidad que nos ofrece el calendario político.
No podemos seguir postergando este compromiso bajo el pretexto de la conveniencia política. La realidad económica nos dicta que el actual sistema es insuficiente para cerrar las brechas de desigualdad y financiar el desarrollo que demandan los nuevos tiempos.
Esta reforma debe abordarse con una seriedad que trascienda los intereses de grupo y con una honestidad que hable claro al ciudadano. No se trata solo de recaudar más, sino de gastar mejor; de combatir la evasión con rigor y de eliminar exenciones que ya no cumplen su propósito social. Seamos responsables y no anteponer los intereses políticos.
La responsabilidad es compartida: el Gobierno debe dar el ejemplo con una austeridad real y transparente, mientras que el sector privado y la sociedad civil deben entender que el costo de la inacción será, a largo plazo, mucho más oneroso que cualquier ajuste presente.
El 2026 es el año para actuar con visión de Estado. Debemos enfrentar la realidad y punto.





