Una botella de plástico abandonada en una cañada puede tardar hasta mil años en degradarse. Un cartón húmedo en un vertedero parece no tener ningún valor. Sin embargo, para un creciente grupo de emprendedores dominicanos, ambos representan una oportunidad de negocio, una fuente de ingresos, un aporte al medio ambiente y una herramienta para transformar vidas.
En República Dominicana, donde más del 90% de los residuos sólidos terminan en vertederos, cañadas o ecosistemas naturales, el reciclaje ha comenzado a abrirse paso como una actividad económica con potencial para generar empleos, fortalecer comunidades y contribuir a la protección ambiental.
Aunque el país apenas recicla una fracción ( 7% ) de los residuos que genera, emprendedores de distintas provincias están demostrando que la economía circular no es un concepto abstracto, sino una realidad capaz de convertir desechos en valor.

Detrás de cada botella recuperada, cada libra de cartón compactada o producto elaborado con materiales reciclados existe una historia de innovación, perseverancia y compromiso con un futuro más sostenible. Una de las protagonistas es Caridad Javier , para quien la sostenibilidad comenzó mucho antes de que la economía circular se convierta en una práctica de interés colectivo y de negocios.
Reconocida inicialmente por su trabajo en la artesanía tradicional y la joyería , encontró en las botellas de plástico desechadas una nueva forma de expresión artística y una oportunidad para generar impacto socioambiental.
“Mucha gente decía: ‘¿Plástico? ¿Vas a hacer joyería con plástico?’ Pero yo entendía que esto era amar el arte desde otra perspectiva era crear belleza mientras cuidábamos el medio ambiente” , recuerda Caridad en entrevista con elDinero. . La artesana cuenta con capacitación del Centro Nacional de Artesanía (Cenadarte).
Su historia está ligada al municipio de Sánchez, en Samaná, donde creció rodeado de manualidades gracias a una escuela fundada por su madre. Sin embargo, su amor por el reciclaje llegó años después, cuando conoció a la artesana y ambientalista Berta Santana.
“Ella me enseñó que cada material tiene una segunda oportunidad. Y entendí que, si los residuos podían transformarse, las personas también podían hacerlo”, expresa Caridad, madre soltera de tres hijos.
Aquella reflexión terminó convirtiéndose en el eje de su trabajo. Lo que comenzó con la fabricación de aretes y accesorios elaborados a partir de botellas de plástico recuperadas evolucionó hasta convertirse en una plataforma de formación y empoderamiento comunitario. Actualmente desarrolla estructuras artísticas de hasta 20 pies de altura hechas con materiales reciclados y lidera el proyecto Tu Basura es Mi Reto, una iniciativa que ha capacitado a más de 10,000 personas durante los últimos cinco años.

Sin embargo, para Javier, el verdadero éxito no se mide por la cantidad de piezas que transforma. “Mi reto nunca ha sido transformar una botella. Mi verdadero reto es enseñarle a una persona que sí puede generar ingresos con aquello que otros llaman basura”, expresa al subrayar que la artesanía sostenible también es rentable cuando se dominan diversas técnicas.
Su trabajo se concentra especialmente en mujeres de comunidades vulnerables, muchas de ellas jefas de hogar o sobrevivientes de violencia. , a quienes enseña técnicas para convertir residuos en productos comercializables.
“Cuando una mujer descubre que puede generar dinero con sus propias manos, cambia su manera de verso a sí misma. Deja de sentirse atrapada y comienza a creer que tiene opciones”, asegura Javier, quien lleva más de 10 años creando arte con lo que otros consideran desechos.
Entre sus creaciones más emblemáticas figura Juanita, considerada una de las primeras muñecas elaboradas íntegramente con plástico reciclado en República Dominicana. Inspirada en su abuela, la pieza rinde homenaje a las mujeres trabajadoras de los pueblos costeros de Samaná que sostuvieron a sus familias mediante la pesca y el comercio informal.

“Juanita representa a todas esas mujeres que, aun teniendo poco, nunca dejaron de luchar por sus familias. Es un homenaje a la resiliencia dominicana”, explica. Asimismo, destaca que realiza más de 30 piezas distintas utilizando únicamente materiales reciclados, como transformar un galón plástico en una cartera. Además, aspira a adquirir una trituradora de plástico, cuyo costo ronda los US$2,000, para crear nuevas piezas.
Más recientemente lanzó la Serie 66, dedicada a su pueblo natal, Sánchez. Se trata de una colección de accesorios sostenibles elaborados con fundas plásticas, mallas de cebolla y otros materiales recuperados para confeccionar monederos, carteras y diversos artículos. Detrás de cada pieza existe una apuesta por demostrar que la sostenibilidad también puede generar valor económico.
“El problema del país no es el plástico. El problema es que todavía no hemos aprendido a verlo como un recurso”, lamenta la emprendedora del reciclaje. De hecho, para más del 40% de las empresas dominicanas, el principal desafío en la gestión adecuada de residuos es la falta de conocimiento y cultura ambiental, según el informe Empresas formales variables: Un análisis ambiental a partir de la Encuesta Nacional de Actividad Económica (ENAE).
Si se mantiene la tendencia actual en la gestión de residuos, para 2040 el mundo podría producir 712 millones de toneladas de plástico, de las cuales una gran parte terminaría en los océanos debido al manejo inadecuado de los desechos, según datos de Nordic Council of Ministers, 2024.
En República Dominicana, se generan alrededor de 903,000 toneladas de residuos de envases al año, de las cuales unas 300,000 toneladas son de residuos plásticos, de las que solo una pequeña fracción recibe una gestión adecuada para su disposición final, de acuerdo con un estudio Mapa de Ruta para los Residuos de Envases y Embalajes de Plástico en la República Dominicana, de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) y BID Lab.
De igual forma el BID determinó que el país tiene alrededor de 327,113 toneladas de residuos plásticos mal gestionados en poblaciones costeras para el año 2020, situando a República Dominicana como el sexto país de la región con deficiencias en la gestión de plásticos por persona.
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Reinventarse

A cientos de kilómetros de Samaná, otra historia de resiliencia surgió durante uno de los momentos más difíciles para la economía mundial. Cuando la pandemia de covid-19 paralizó las actividades productivas y redujo las oportunidades laborales, Emperatriz Infante , conocida como Patricia, decidió reinventarse junto a su esposo.
Lo que originalmente era un negocio de transporte se transformó en una microempresa dedicada al reciclaje. Cuenta a elDinero que los primeros pasos no fueron fáciles. Desde La Romana comenzó recuperando plástico en vertederos durante los años más complejos de la crisis sanitaria. Sin embargo, la caída de los precios internacionales, la guerra entre Rusia y Ucrania y las dificultades para exportar materiales reciclados obligaron al negocio a cambiar de rumbo.
La respuesta fue especializarse en el reciclaje de cartón y papel. Actualmente, Patricia opera un centro de reciclaje en Villas Agrícolas, Santo Domingo, que moviliza entre 150 y 200 toneladas mensuales de materiales reciclables, específicamente cartón y papel desechados por empresas y hogares, o que de otro modo terminarían en vertederos. Además, genera empleos directos e indirectos para más de una decena de personas.
Su modelo de negocio depende, en parte, de una pequeña red de recolectores informales, también llamados “ buzos” , así como de pequeños comerciantes y empresas que se encuentran en el reciclaje una fuente adicional de ingresos.

Sin embargo, a pesar de los avances, Patricia reconoce que el sector enfrenta importantes desafíos. “Creo que los recicladores del país no acopiamos ni siquiera el 80% de lo que va a la basura. Deberíamos ser más personas sumándonos a este tipo de negocio para ver menos basura en las calles y menos contaminantes”, subraya la emprendedora.
Los altos costos operativos, la informalidad y la falta de educación ambiental continúan limitando el crecimiento de la actividad. No obstante, para ella, cada tonelada recuperada representa un paso hacia un país más limpio y una oportunidad económica para quienes dependen de esta cadena productiva.
En el país, el 77.8% del sector formal utiliza los servicios de recogida de los ayuntamientos; el 16.7% recibe el servicio de alguna empresa gestora de residuos, mientras que el 5.3% restante emplea otros métodos, como depositar los desechos directamente en vertederos, quemarlos o recurrir a otras formas de disposición final, según el informe sobre gestión de residuos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
La emprendedora considera que República Dominicana aún tiene una gran deuda en materia de educación ambiental y reciclaje, al tiempo que reclama mayor apoyo estatal para quienes contribuyen a reducir la cantidad de residuos que llegan a los vertederos.

Incentivo a la avicultura

En Moca, provincia Espaillat, Carlos Cota identificó una necesidad específica dentro del sector agropecuario y decidió responder a ella mediante un modelo de negocio basado en la economía circular. Así nació Procesadora de Productos Reciclados (ProCicla) , una microempresa dedicada a fabricar huacales hueveros de celulosa moldeada utilizando papel y cartón reciclados como materia prima.
“Nuestra principal motivación surge de la necesidad de desarrollar un método que aporte al medio ambiente y que, además, satisfaga una necesidad en un sector de gran importancia para nuestra economía, como el avícola”, recuerda Cota en entrevista con elDinero.
El inicio fue lento. La puesta en marcha tomó un año y medio, y gran parte de los procesos se realizaba de manera manual. Con el tiempo, la empresa logró incorporar nuevas tecnologías y aumentar su capacidad productiva gracias al acceso a financiamiento en condiciones favorables otorgado por el Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme). “Esto se ve bonito, pero se suda para llegar acá”, afirma.
“Nosotros reciclamos papel y cartón generados en actividades cotidianas, tanto industriales como comerciales y personales”, indica. Al detallar el proceso, explica que este consiste en la recolección, clasificación, procesamiento y transformación de los materiales, lo que les permite comercializar actualmente bandejas para huevos de alta calidad y esterilizadas.
Actualmente, ProCicla opera de manera formal y cuenta con un equipo de seis colaboradores comprometidos con la misión ambiental de la empresa.
“Diariamente procesamos alrededor de cuatro toneladas de papel y cartón que ya no terminan en los vertederos a cielo abierto del país. Estamos hablando de una producción aproximada de 600.000 bandejas al mes”, resalta Cota.

Lápiz biodegradable
Lo que para muchos es un simple lápiz o un bolígrafo, para los emprendedores Katherine Vera y Fran Roa representan una oportunidad para reducir residuos, fomentar la educación ambiental y demostrar que los objetos cotidianos pueden tener una segunda vida. La iniciativa apuesta por la fabricación y comercialización de lápices y bolígrafos biodegradables que, una vez concluida su vida útil, pueden sembrarse para dar origen a plantas, hierbas y vegetales. Más allá de vender productos ecológicos, sus creadores aseguran a elDinero que su principal objetivo es generar conciencia sobre el impacto de los residuos y promover hábitos de consumo más responsables.

“Realmente, lo que hemos querido es educar; mostrarles a las personas que a las cosas se les puede dar una segunda oportunidad y que existe una manera de alejarnos del plástico”, resalta Veras al explicar que se trata de bolígrafos elaborados con papel kraft, una alternativa al plástico convencional, que suele permanecer durante siglos en el medio ambiente.
Tanto Vera como Roa detallan que los lápices, uno de los productos de su microempresa ecoamigable, Wazaka , están fabricados con madera sostenible y cuentan con una cápsula biodegradable que contiene semillas de zanahoria, tomate cherry, lavanda, manzanilla, fresa, albahaca, berenjena, girasol, entre otras especies. Una vez agotados, pueden sembrarse directamente en una maceta.
“Después de que terminan su vida útil, los podemos sembrar. Podemos darles una segunda oportunidad a esos lápices”, comenta Roa. Agrega que “sabemos que cada bolígrafo puede durar más de 500 años en el ambiente. Esto no significa alejarnos por completo del plástico, pero sí reducir en un 90% o más el plástico que consumimos actualmente”.
Entre sus planos a mediano y largo plazo figura trabajar en una nueva etapa orientada al aprovechamiento de materiales desechados localmente, especialmente el papel periódico. Paralelamente, Wazaka funciona como un espacio de comercialización para otros siete emprendimientos locales.
Entre los productos que comercializan destacan los Ecofiltro , un sistema de purificación que ofrece una alternativa sostenible para mejorar la calidad del agua y contribuir al cuidado del medio ambiente. Sus creadores señalan que este producto cuenta con certificaciones de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) y de diversos laboratorios especializados.
Ecosistema incipiente
Detrás de estos emprendimientos existe un importante potencial económico. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), entre 2018 y 2022 los vertederos de Duquesa y Rafey gestionaron más de 8,2 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos.
Sin embargo, apenas el 15,1% de las empresas reciclan sus residuos y la tasa nacional de reciclaje ronda el 7%. Al respecto, el economista especializado en economía circular, Huáscar Jiménez, considera que el aporte de estos negocios suele estar subestimado.

Además de reducir la contaminación, explica, generan empleo local, impulsan actividades económicas vinculadas a la recolección, clasificación, transporte y transformación de residuos, y fortalecen la resiliencia productiva al convertir desechos en insumos.
Desde el punto de vista económico, “ estos emprendimientos contribuyen a la generación de empleo local, particularmente para población con barreras de acceso al mercado laboral formal. Asimismo, crean actividad económica en múltiples eslabones: recolección, clasificación, transporte, transformación, manufactura y comercialización ” , resaltó.
Según estimaciones citadas en el estudio El mercado de residuos sólidos urbanos en República Dominicana, de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Santo Domingo, más del 50% de los residuos sólidos urbanos generados en el país podrían reciclarse, lo que permitiría exportaciones superiores a US$300 millones anuales.
Jiménez señala que los emprendimientos vinculados al aprovechamiento de cartón y plástico adquieren cada vez más relevancia dentro de la transición hacia modelos de producción y consumo sostenibles. Además, fortalecerán la economía local al reducir parcialmente la dependencia de materias primas importadas.

“En un país altamente dependiente del comercio exterior como República Dominicana, aumentar la circularidad de los materiales representa una oportunidad de eficiencia económica”, expresó a elDinero.
De acuerdo con datos de la Dirección General de Aduanas (DGA), entre enero y mayo de 2026 el país exportó US$2,52 millones en desechos plásticos. Durante todo 2025, las exportaciones alcanzaron US$11.52 millones, un 23.7% menos que los US$15.10 millones registrados en 2024.
No obstante, Jiménez enfatiza que el desarrollo de los emprendimientos de reciclaje continúa enfrentando desafíos relacionados con la informalidad, la falta de financiamiento, las limitaciones tecnológicas y la escasa articulación entre los sectores público y privado.
“ La economía circular exige competencias que van más allá de la recolección: gestión empresarial, trazabilidad, estándares de calidad, procesos industriales, comercialización y cumplimiento ambiental. Sin estas capacidades, resulta complejo escalar modelos de negocio ”, recalcó el economista.
Agrega que también debe considerar la volatilidad del precio de los materiales reciclables, especialmente en el plástico, cuyos precios suelen estar influenciados por los mercados internacionales y por el costo relativamente bajo de la resina virgen.

Para que exista reciclaje, primero debe existir conciencia. Por ello, iniciativas como la Fundación Katherine Batista han asumido la tarea de educar y sensibilizar a las nuevas generaciones.
Durante el último año, la organización recuperó más de 113,000 libras de botellas plásticas e impactó a más de 10,000 estudiantes mediante programas de educación ambiental. En lo que va de 2026, ha alcanzado a más de 5,000 niños adicionales.
“Hace cinco años yo era la loca que recogía botellitas. Hoy más empresas, colegios e instituciones entienden que gestionar correctamente sus residuos es una responsabilidad compartida”, afirma Batista en entrevista con elDinero.
Actualmente, la fundación canaliza entre 4,000 y 6,000 kilos semanales de materiales reciclables y promueve iniciativas de moda sostenible y upcycling junto con diseñadoras y artesanas locales. “El problema no es recoger la basura cuando ya está en la calle, sino evitar que llegue allí”, sostiene la también conocida dama del reciclaje.
Además de promover el reciclaje, Batista se ha convertido en una defensora de la moda sostenible y el upcycling, una tendencia que transforma materiales descartados en prendas y accesorios con nuevo valor.
El activista suele utilizar y promover piezas elaboradas por artesanas y diseñadoras locales que incorporan materiales reutilizados en sus creaciones. “Aquí hay muchísimo talento que muchas veces no recibe la visibilidad que merece. Yo trato de apoyar a las diseñadoras y artesanas que demuestran que los residuos pueden convertirse en algo útil, hermoso y con valor comercial”, afirma.
A su juicio, la moda reciclada no solo contribuye a reducir el desperdicio, sino que también abre oportunidades de negocio para emprendedores creativos que apuestan por la sostenibilidad.
Aunque el interés por los productos sostenibles ha crecido, los emprendedores reconocen que el principal desafío no ha sido la fabricación ni la comercialización, sino la sensibilización de la población.
Explican que los temas relacionados con la sostenibilidad, la economía circular y la reducción de residuos todavía son relativamente nuevos en muchos países de América Latina y el Caribe.
Financiamiento limitado

El acceso al financiamiento sigue siendo uno de los principales desafíos para las micro, pequeñas y medianas empresas dedicadas al reciclaje en República Dominicana, afirmó Ennio Santana, gerente de Gestión Ambiental y Economía Circular de Promipyme.
Santana explicó que muchos emprendedores necesitan recursos para adquirir maquinaria, mejorar procesos y ampliar sus operaciones, pero enfrentar obstáculos relacionados con la formalización de sus negocios y su historial crediticio.
Caridad Javier coincide. “Nosotros somos los locos del sector financiero. Tenemos que comprarnos y vendernos equipos y maquinarias entre nosotros”, lamentó al referirse a las dificultades para acceder al crédito.
Para atender estas necesidades, Promipyme ofrece financiamiento, capacitación y asistencia técnica a través del programa Tu firma es tu garantía. No obstante, Santana señaló que la formalización continúa siendo uno de los principales retos del sector, ya que muchos emprendimientos requieren acompañamiento para cumplir con los estándares del mercado y ampliar sus oportunidades de crecimiento. A pesar de estas limitaciones, considera que el reciclaje representa una de las mayores oportunidades para impulsar el desarrollo sostenible del país.
“La economía circular no es simplemente reciclar; es transformar un residuo en un bien común, creando valor para las comunidades, protegiendo el medio ambiente y generando nuevas oportunidades de negocio”, afirmó Santana.
Oportunidad para el país
El ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Mimarena), Paíno Henríquez , considera que la economía circular constituye una herramienta fundamental para impulsar el desarrollo sostenible del país. “La vemos como la base para continuar impulsando el desarrollo sin generar mayores daños al medio ambiente ni a nuestros recursos naturales”, afirmó el funcionario al ser abordado por elDinero.

El ministro informó que el país se encuentra en la fase final de implementación del reglamento de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), una herramienta que busca involucrar de manera más activa a las empresas en la gestión de los residuos generados por sus productos una vez que estos llegan al final de su vida útil.
A su juicio, la entrada en vigor de este reglamento marcará “un antes y un después” para el sector, al crear incentivos que favorezcan el reciclaje y la valorización de materiales. Además, entiende que se abrirán nuevas oportunidades para empresas recicladoras, incluidas las mipymes dedicadas al procesamiento de cartón y plástico, promoviendo prácticas de reutilización y aprovechamiento de recursos.
Jorge Herasme, director interino de la Dirección de Gestión Integral de Residuos Sólidos de Mimarena , destacó a elDinero que la Ley 225-20 ha fortalecido la gestión de residuos al establecer reglas claras para todos los actores, promover la responsabilidad compartida e impulsar la modernización del sector mediante plantas de valorización que apoyan las metas nacionales de reciclaje.
Asimismo, resaltó la REP como uno de los principales pilares de la normativa, al establecer que los fabricantes e importadores de productos prioritarios sean responsables de la gestión de los residuos durante todo su ciclo de vida.
Explicó que el próximo reglamento marco fijará metas de valorización para envases y embalajes de cartón, vidrio y plástico, mientras que el crecimiento del mercado del reciclaje dependerá de la formalización del sector y de modelos sostenibles con enfoque ambiental, económico y social. Sin embargo, reconoce que los ayuntamientos son los que reciben la mayor cantidad de residuos sólidos, pero no los separa porque su ejecución conlleva dinero.
“Tenemos un desafío en la separación y clasificación de residuos sólidos en la fuente”, reconoce Herasme.
El cofundador de ProCicla destaca que emprender dentro del sector del reciclaje presenta numerosos obstáculos , ya que recibe muy poco apoyo fiscal y enfrenta muchas trabas regulatorias. No obstante, resalta que, como empresa cuya actividad es el reciclaje, “contamos con todas las autorizaciones medioambientales, permisos para el manejo de este tipo de residuos, certificación de ProIndustria y autorización para el uso del distintivo “Hecho en RD” .
A nivel privado, también existen esfuerzos como el proyecto Nueva Vida para los Residuos (NUVI), que ha recolectado hasta la fecha 132 millones de botellas plásticas PET con fines de reciclaje, así como iniciativas públicas desarrolladas por el Fideicomiso DO Sostenible y la transformación de vertederos a cielo abierto en rellenos sanitarios.
Mariely Ponciano, directora ejecutiva de NUVI, afirmó en una entrevista para la AIRD que, aunque se han registrado avances, el principal desafío es acelerar la implementación de la Ley de Residuos. Para ello, considera fundamental concluir la reglamentación pendiente, fortalecer el marco legal y ejecutar acciones concretas que garanticen su cumplimiento.
Señaló que, además de contar con los instrumentos legales necesarios, se requieren mecanismos efectivos de control y fiscalización que permitan traducir las disposiciones normativas en resultados tangibles.
Ponciano destacó que los ayuntamientos deben asumir las responsabilidades que les asigna la ley, entre ellas la separación de residuos en la fuente, la implementación de rutas de recolección eficientes y la formalización del cobro del servicio mediante tarifas adecuadas. Asimismo, indicó que una gestión integral de residuos demanda recursos suficientes, tarifas acordes con los costos reales e incentivos para la industria de valorización y su cadena de recuperación.
También subrayó la necesidad de desarrollar nuevas industrias de procesamiento de residuos en el país para reducir la dependencia de las exportaciones y cerrar el ciclo de la economía circular a nivel nacional, lo que dependerá de los volúmenes de residuos recuperados.
No obstante, resaltó las oportunidades que una mejor gestión de residuos sólidos puede generar para el país y el sector industrial, entre ellas la reducción de pasivos ambientales en los vertederos, el fortalecimiento de la infraestructura de reciclaje, la transformación de residuos en materias primas y el impulso de la economía circular, promoviendo que más residuos sean valorizados y menos terminen en disposición final.
Mientras tanto, el ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), E duardo -Yayo- Sanz Lovatón , indicó que se trabaja en la consolidación de una hoja de ruta para fortalecer el reciclaje de plásticos y otros materiales, con el objetivo de crear condiciones que favorezcan el crecimiento del sector.
“Estamos en la última entrada de lograr robustecer nuestro sistema de residuos sólidos y la forma en que este se relaciona con la municipalidad y el Gobierno central”, afirmó el funcionario, al destacar la importancia de consolidar un modelo que garantice sostenibilidad y estabilidad para el sector.
El titular del MICM señaló que la economía circular requiere políticas públicas sustentadas en investigación y evidencia, por lo que el ministerio ha fortalecido alianzas con universidades y centros académicos para diseñar estrategias de largo plazo. “La economía circular requiere pensamiento, investigación y desarrollo; hay que estar todo el tiempo estudiando cuáles son las áreas de mejora”, expresó.
Pero, más allá de las políticas públicas, el cambio ya está ocurriendo, aunque sea poco a poco, mediante iniciativas privadas o en talleres donde una botella se convierte en una pieza de arte; en centros de acopio donde toneladas de cartón reciben una segunda vida; en pequeñas fábricas que transforman residuos en productos útiles; y en comunidades donde cientos de personas descubren que aquello que antes era basura puede convertirse en una fuente de ingresos.
“Cada botella que termina en una cañada es una oportunidad perdida. Cada botella que recuperamos puede convertirse en arte, en ingresos o en el sustento de una familia”, subraya Caridad, artesana del reciclaje.























