República Dominicana se encamina hacia una transformación demográfica que tendrá efectos no solo en el sistema de salud y la seguridad social, sino también en el mercado inmobiliario, la construcción y el consumo de bienes y servicios especializados para una población de mayor edad.
Así lo planteó el ejecutivo principal (CEO) y fundador de Inclusive Living International, Marcelo Roisman, quien considera que el sector inmobiliario dominicano tiene la oportunidad de anticiparse a este cambio mediante el diseño de viviendas accesibles y adaptables desde su etapa de planificación.
Roisman explica que la accesibilidad no debe asociarse exclusivamente con las personas mayores o con quienes viven con alguna discapacidad. Una vivienda adaptada para distintas etapas de la vida también puede beneficiar a una mujer embarazada, una familia con un coche de bebé, una persona que temporalmente utiliza muletas o alguien que enfrenta una lesión.
“Una madre con un carrito, una persona que vuelve con las maletas de Miami o un joven que se rompe una pierna jugando béisbol o fútbol también puede encontrar dificultades para entrar o desplazarse en una vivienda que no sea accesible”, sostiene.
A su juicio, el desafío adquiere mayor relevancia debido al proceso de envejecimiento de la población dominicana. Datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) indican que las personas de 60 años o más representaban el 13.2% de la población en 2022, equivalente a aproximadamente 1.42 millones de habitantes. En 1950 este grupo representaba el 4.4%.
Las proyecciones de la ONE apuntan a que cerca del 20% de la población dominicana tendrá 60 años o más en 2050, lo que significa que aproximadamente uno de cada cinco dominicanos estará en ese rango de edad.
Para Roisman, este escenario debe ser tomado en cuenta por los desarrolladores inmobiliarios desde ahora, debido a que las viviendas que se venden actualmente en planos continuarán siendo utilizadas durante las próximas décadas.
“Quien compra hoy una casa tiene 20, 30 o 40 años y su hipoteca va a durar mucho más que su cuerpo. Todavía va a estar pagando su vivienda cuando sus necesidades hayan cambiado”, plantea.
Diseñar antes de construir
El fundador de Inclusive Living International considera que una de las principales ventajas de incorporar criterios de accesibilidad durante la etapa de diseño es que el costo adicional puede ser reducido.
Explica que no se trata necesariamente de instalar ascensores o colocar desde el principio elementos especiales para personas mayores, sino de dejar previstas las condiciones estructurales para que puedan incorporarse posteriormente.

“Nosotros no pedimos poner un ascensor dentro de una casa de dos pisos, sino diseñar en planos dónde podría estar en el futuro. Tampoco pedimos colocar baños con barandas especiales, pero sí que las puertas tengan determinadas dimensiones y que las paredes estén preparadas para soportar esos elementos si algún día son necesarios”, señala.
Según el ejecutivo, incorporar estos criterios desde la etapa de diseño puede representar entre 0.2% y 0.6% del costo de construcción, siempre que no implique sacrificar metros cuadrados.
Como ejemplo, explica que ampliar una puerta de 70 a 90 centímetros puede tener un impacto marginal cuando se incorpora en los planos, pero puede resultar más costoso si la modificación debe hacerse posteriormente.
El impacto económico de adaptar las viviendas también está relacionado con la prevención de accidentes, especialmente entre las personas mayores.
Marcelo cita un estudio realizado en el Hospital General Plaza de la Salud (HGPS) sobre fracturas de cadera en pacientes mayores de 60 años. La investigación, realizada sobre 119 pacientes atendidos entre 2016 y 2019, encontró que el 90.8% de las fracturas analizadas ocurrió dentro de la vivienda, mientras que el 79.8% se produjo por caídas desde el propio plano de sustentación.
El ejecutivo sostiene que estos accidentes no solo tienen consecuencias físicas, sino también económicas para las familias, debido a los gastos médicos, rehabilitación y cuidados que pueden requerirse después de una caída.
“Cuando una persona mayor se rompe la cadera, no solamente existe un problema físico. La familia también queda fuera del juego porque tiene que empezar a cuidar a esa persona y todo el entorno económico alrededor de ellos cambia”, afirma.
Por ello, plantea que evaluar las condiciones de una vivienda mediante profesionales capacitados puede contribuir a reducir los riesgos. Según la empresa, las adaptaciones realizadas a partir de evaluaciones profesionales pueden reducir 26% el riesgo de caídas, mientras que en poblaciones consideradas de mayor vulnerabilidad la reducción puede alcanzar 38%. Roisman aclara que estas cifras corresponden a investigaciones específicas y no deben interpretarse como una estimación nacional.
Asimismo, considera que la accesibilidad también puede convertirse en un elemento diferenciador para el mercado inmobiliario y en una oportunidad para los desarrolladores.
A su juicio, una vivienda diseñada para acompañar las distintas etapas de la vida puede representar un atributo adicional frente a otros proyectos, particularmente en segmentos destinados a compradores extranjeros, jubilados y personas que buscan establecerse en República Dominicana.
“Es un diferencial real que puede convertir esto en una inversión mucho más sólida para el desarrollador, porque puede vender más rápido”, afirma.
El CEO plantea que el beneficio también puede extenderse a las entidades financieras. Si un proyecto incorpora características que favorecen su comercialización, el desarrollador podría recuperar su inversión en menor tiempo y, por tanto, mejorar el perfil del financiamiento otorgado por los bancos. En ese sentido, Inclusive Living International trabaja en propuestas para establecer mecanismos mediante los cuales las entidades financieras puedan ofrecer condiciones favorables para la adaptación de viviendas existentes.
El modelo contemplaría una evaluación profesional de la vivienda, la identificación de las modificaciones necesarias y una verificación posterior de los trabajos realizados.
Una nueva cadena de negocios
Más allá de la construcción, Marcelo identifica una oportunidad para crear una nueva cadena de servicios vinculados con el envejecimiento y la accesibilidad. Explica que el modelo requiere profesionales de la salud, particularmente fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales, capacitados para evaluar no solo las condiciones físicas de una persona, sino también su vivienda y entorno familiar.
La empresa trabaja en la acreditación de estos profesionales mediante el programa CILS, (Certified Inclusive Living Specialist), con el objetivo de formar especialistas que puedan realizar evaluaciones integrales y recomendar las modificaciones necesarias.
A partir de este proceso también podrían surgir nuevas empresas dedicadas a la remodelación y adaptación de viviendas existentes, así como oportunidades para importadores y distribuidores de productos especializados.
Entre estos bienes menciona sistemas para facilitar el acceso a distintos niveles de una vivienda, barras de apoyo, equipos para movilidad y mobiliario especializado para personas mayores.
“Se abre todo un tema nuevo de compañías de construcción y modificación de casas existentes, además de un mercado para importar productos y tecnologías que ayuden a las personas mayores”, sostiene.
RD como destino para retirados
Roisman considera que esta transformación puede vincularse con la estrategia de República Dominicana para atraer a jubilados y residentes extranjeros.
A su entender, el país tiene la posibilidad de posicionarse como un destino de retiro en el Caribe si combina los incentivos para atraer a esta población con viviendas y servicios preparados para sus necesidades.
“República Dominicana puede ser el primero que levante la bandera y diga que somos un destino de retiro, pero no solo de boca para afuera, sino haciéndolo”, plantea.
El ejecutivo también señala que la accesibilidad debe ser entendida como un componente económico y no únicamente social. La adaptación de las viviendas, afirma, puede beneficiar simultáneamente a desarrolladores, bancos, profesionales de la salud, empresas constructoras, importadores y, principalmente, a los usuarios.
“Al final todos ganan. Se convierte en una economía completa alrededor de la tercera edad, las personas con discapacidad y quienes quieren prevenir para el futuro”, concluye.