Una de las mayores limitaciones que puede tener alguien en edad productiva es su nulidad como sujeto de crédito. Al leer estas palabras seguro usted está pensando en las miles de personas que tienen cuenta bancaria, pero cuando van a solicitar un préstamo posiblemente se encuentran con la respuesta negativa, porque no tienen cómo demostrarle al banco que van a poder pagar lo solicitado.
Sin embargo, existe una situación mucho peor, la de aquellos que ni siquiera están bancarizados, es decir, que no tienen una cuenta de banco, ni de ninguna otra entidad del sistema financiero formal y regulado de República Dominicana.
Esos no solo son parte de la clase laboral informal, sino también de la masa poblacional que tampoco existe en los registros financieros del país y por tanto, cuando necesitan acceder a algún financiamiento, deben recurrir al prestamista informal y usurero que les cobra hasta un 20% de interés quincenal por el capital que les “facilita”.
Con la aprobación de la Ley 155-17 Contra el Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo la posibilidad de acceder a una cuenta bancaria es todavía más difícil, pues el solicitante no solo debe demostrar que tiene ingresos para poder abrirla, sino que debe dar constancia de que esos ingresos son regulares, de procedencia legítima y que provienen de alguna actividad formal o semi informal con cierta periodicidad.
Una persona adulta, que nunca ha abierto una cuenta de banco, y posiblemente recibe mucho más dinero que un empleado formal de salario mínimo en sus actividades informales de plomería, ebanistería, albañilería, modista, estilista o cualquier otro oficio, pero no con regularidad periódica, no califica para entrar al sistema financiero.
Tendría que solicitarle a cada persona que le hace un pago, que se lo haga en cheque e ir al banco personalmente a cambiarlo; pero antes de cambiarlo, debe fotocopiarlo, para guardar esas copias de sus pagos recibidos durante al menos tres meses y así demostrarle al banco que es alguien con ingresos regulares legítimos. Entonces, así podrá tener una cuenta. Pero además del gran esfuerzo que debe realizar para que su nombre entre al sistema financiero, luego tiene la obligación de mantener esa cuenta con un balance mínimo específico y en movimiento constante, porque si no, puede terminar debiéndole dinero al banco y con la cuenta cancelada, por los descuentos mensuales que le aplican para su mantenimiento.
Esa burocracia normativa y la desmotivación que por las mismas razones tienen quienes no han abierto cuentas de banco, está entre las razones de la todavía elevada cantidad de gente sin bancarizarse.
Pero aun así, las personas que no se han bancarizado deben hacer el esfuerzo de entrar al sistema financiero, ya que a la hora de evaluar los pros y contras, se darán cuenta de que tener una cuenta bancaria ofrece notables ventajas.
Si usted abre una cuenta de banco, aunque realice actividades laborales en la informalidad, podrá recibir los pagos de sus clientes con más facilidad, pues solo tiene que dar el número correspondiente y éste le hace el depósito.
En forma adicional, tiene la posibilidad de que el banco, al notar que usted es alguien con mucho movimiento de entrada y salida de dinero en su cuenta, le ofrecerá una tarjeta de crédito (en principio nuestra recomendación es que no la acepte hasta que se familiarice con ese mundo de la bancarización), además de que le pueden ofrecer un préstamo con tasa de interés muchísimo menor de lo que le cobra el prestamista del barrio.
La bancarización también le hace más fácil el hábito del ahorro y le convierte en sujeto de crédito, con lo que puede solicitar una carta de solvencia al banco donde tiene su dinero guardado, la cual le puede servir como recomendación para cualquier otra gestión como una visa para viajar, un crédito para comprar electrodomésticos o un vehículo, entre otros consumos.
Si usted es un trabajador o trabajadora informal y no está bancarizado, haga un esfuerzo por abrir una cuenta de banco. Es el primer paso para convertirse en sujeto de crédito.








