La economía dominicana se está recuperando. El Banco Central reportó en junio una notable expansión interanual de 12.7%, acumulando un 13.3% de crecimiento en los primeros seis meses de 2021. Este resultado se corresponde con la variación interanual de 3.1% en el trimestre enero-marzo y de 25.4% en abril-junio.
Mirar atrás no es necesario ni siquiera para lamentar lo que pudo haber sido y no fue. La pandemia del covid-19, lejos de desalentarnos, sirve de experiencia para fortalecer los fundamentos de la economía.
El presidente Luis Abinader acaba de cumplir su primer año en la gestión del Estado. Pasarle balance es un imperativo.
Sin embargo, lo importante es lo que habrá de ser a partir de ahora. Reconocerle que obtuvo excelentes calificaciones en este primer tramo de Gobierno es de orden, especialmente porque República Dominicana se ubicó entre los países que mejor han enfrentado la crisis sanitaria.
El programa de vacunación ha sido exitoso y las dosis suficientes, además de que la positividad se ha ubicado en aproximadamente 1.46% y menos de 7,000 casos activos. Lo imperativo es mirar hacia delante para seguir fortaleciendo la estrategia para evitar un retroceso.
La reforma fiscal profunda o integral, de la que se venía hablando desde antes de la toma de posesión del nuevo Gobierno y que es un imperativo, habrá que ponerla sobre la mesa de discusión en un tiempo prudente.
¿Era posible hacerlo durante los meses de peor crisis y cierre de la economía? La sensatez aconseja que no. Por los resultados que nuestro país ha obtenido en términos económicos, la mejor decisión fue no embarcarse en ese proyecto. ¿Cuándo será? No se sabe, pero habrá de ser porque el entramado tributario actual resulta incómodo para generar valor agregado en la economía.
En lo adelante, porque ha de ser la mejor estrategia, la gestión del Estado dominicano tiene que enfocarse en impulsar la inversión pública y privada como motor fundamental para crear empleos de calidad y expansión económica.
No hay que mirar atrás para lamentar que la inversión de capital fue tímida en el primer año de Luis Abinader en el gobierno, en un contexto de inversión necesaria y obligatoria para el combate de la pandemia, lo que sigue ahora es observar el futuro inmediato para tomar las decisiones correctas en cuanto al impulso de proyectos de infraestructuras de importancia.
A esta gestión de gobierno restan tres años. Parece mucho, pero el tiempo es inexorable. Tomar las decisiones, pero las mejores, siempre debe estar en la agenda de un buen gobernante y su equipo. Le quedan tres años para presentar realizaciones tangibles, más allá de las que a simple vista no se pueden percibir, como la fortaleza de las instituciones y respeto de las leyes.
Este tiempo que resta, estamos seguros, será bien invertido por el jefe de Estado, pues, con la mirada siempre hacia delante, ha dado muestras de estar enfocado en hacer una excelente gestión. Es lo que esperan todos los dominicanos.





