[dropcap]H[/dropcap]ace pocos días, el Congreso Nacional aprobó el Presupuesto General de la Nación, ascendente a un monto de RD$663,558 millones (en dólares, aproximadamente $14,750 millones).
Sin embargo, esta cifra del monto total del presupuesto no nos da una visión completa del mismo; quizás hasta más importante que el monto al que asciende el presupuesto es el porcentaje que será deficitario y deberá ser cubierto por financiamientos asumidos por el Estado.
Para el 2016, se proyecta que el déficit ascenderá a RD$173,260 millones, es decir, aproximadamente el 26% -uno de cada cuatro pesos- del Presupuesto será financiado mediante endeudamiento público.
Es muy preocupante que el endeudamiento ya no se proyecte como algo extraordinario o para financiar a largo plazo un proyecto esencial para la Nación, sino que pareciera ser la práctica usual del Estado. Financiar el gasto común con endeudamiento es un serio error, pues se está asumiendo un compromiso, que deberá ser pagado en el futuro, para gastos que tendrán poco retorno económico.
Hace algunos años, ante una situación muy parecida, se debatió en Estados Unidos la posibilidad de una reforma constitucional que requiriese que el Gobierno central no pudiera realizar gastos por encima de sus ingresos. A pesar de que la iniciativa tuvo una gran popularidad nacional, no se llegó a materializar.
La gran ventaja de un sistema como este es la simplicidad: para cumplir con la disposición, el gobierno únicamente se vería obligado a transparentar los gastos presupuestados, y asegurarse de que éstos no excedan los ingresos proyectados. De esta forma, se eliminaría la práctica de financiar a largo plazo los gastos comunes o proyectos de corto plazo.
Una posible crítica a este sistema sería que le pudiera abrir la puerta al Estado a incrementar los impuestos todos los años para poder percibir suficientes ingresos como para solventar el gasto presupuestado. Esto es cierto. Pero, ¿qué ocurre en la actualidad? El gobierno asume un endeudamiento a largo plazo que se tendrá que pagar a través de mayores impuestos en el futuro, por lo que, de todos modos, es necesario que los impuestos suban.
Por igual, en la actualidad no se generan importantes debates respecto al presupuesto, pues el gobierno financia el gasto excesivo en vez de imponerle esa carga a la población.
En fin, la propuesta de obligar al gobierno a igualar el gasto público con los ingresos es una forma de transparentar la administración pública, y evitar el gasto excesivo y el endeudamiento crónico.







