Científicos y economistas coinciden en que los océanos son un mar de oportunidades y soluciones para los problemas globales, desde el cambio climático, la nutrición o la medicina, pasando por una nueva categoría de riqueza, el carbono azul, que ha permitido hasta revertir la deuda nacional de Bahamas.
El oceanógrafo español Carlos M. Duarte, catedrático de Ciencias Marina de la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología (Arabia Saudí) y uno de los mayores expertos mundiales en la materia, asegura que para que nuestra civilización pueda disfrutar de una nueva revolución basada en la economía azul lo más importante es que no se desista “del empeño y del sueño de que es posible recuperar la salud de los océanos”.
Y también dejar atrás la visión de que el océano es “tierra de nadie” y “como no es de nadie, nadie lo cuida y cada uno extrae todo lo que puede”, para dar paso al nuevo concepto de que es “tierra de todos”.
“Estamos a las puertas de conseguir una nueva economía”, dice, en declaraciones a EFE, este científico que hoy ha participado en el II Encuentro Internacional de Conocimiento y Economía Azul, Innoazul 2022, que reúne en Cádiz (sur de España) a más de 1,200 personas, entre científicos, profesionales y estudiantes vinculados con la investigación de los mares y océanos.
Esa nueva economía se basa en que, “por primera vez en la historia de nuestra civilización, la vida marina tiene un valor sin tener que extraerla y matarla”.
Más bien al contrario, cuenta, las inversiones económicas se dirigen ahora a recuperar ese “patrimonio natural azul” que tiene “más rentabilidad que invertir en pisos”.
Y pone como ejemplo lo que ha sucedido en Bahamas. Una investigación en la que Carlos M. Duarte ha descubierto una pradera submarina de 92,000 kilómetros cuadrados, la más grande del mundo, gracias a unas cámaras adosadas a las aletas dorsales de tiburones tigres.
El descubrimiento de ese gigantesco sumidero de CO2 ha llevado al gobierno del país a montar un mercado de carbono.
“El FMI ha accedido a comprar créditos de carbono frente a la deuda externa de Bahamas. Y es importante porque la mitad de la deuda se debe a daños causados por el cambio climático, por ejemplo a ciclones. Inmediatamente el ‘rating’ del país ha subido, los intereses que tiene que pagar han bajado y se ha generado una nueva economía basada en el océano. Calculamos que cada bahameño, que son 300,000 habitantes, ahora tiene un millón de dólares en carbono azul”, explica el científico.
Es “una nueva categoría de riqueza que hasta ahora no existía”, insiste el investigador.
Carlos M Duarte explica que en los últimos 30 años se ha perdido “básicamente la mitad del capital azul, o la abundancia de ecosistemas y vidas” en el mar.
Pero está convencido de que en una generación, en 30 años, seria posible “reconstruir la abundancia de vida marina, o al menos en gran parte”, si se llevan a cabo acciones para proteger especies, espacios, se pesca de forma responsable, se elimina la contaminación y el problema de los plásticos en el mar, y se consigue frenar el calentamiento global a un grado y medio por encima de la temperatura preindustrual.
Y más -se convence- viendo la “ola de recuperación de vida marina que se evidencia en muchos frentes” gracias a las medidas y políticas que para ello se introdujeron en los años 70 y 80.
El economista belga Gunter Pauli, autor del libro “Economía Azul”, ha subrayado también las oportunidades que aguardan en el mar: “La vida nació en el mar, todo lo que funciona en el mar, lo que no se ha convertido en fósil, es una solución para nosotros”.
Ha relatado cómo la ciencia ha descubierto algas que pueden funcionar como antibióticos, gusanos de mar que pueden funcionar como la hemoglobina o cómo la sustancia que segrega el mejillón azul para adherirse a una roca puede ser la base de un nuevo pegamento.
A juicio del empresario, lo que realmente falta es “pasar a la acción” e implementar todos estos recursos.
“Europa hace mucho análisis, analizamos tanto que llegamos a la parálisis”, cuando lo que se precisa es “un motor de aceleración de la acción” para “absorber todo lo bueno que hay en el mar”, protegiéndolo y regenerándolo.












