[dropcap]A[/dropcap]l margen del elemento político que subyace detrás de la construcción, remodelación y mantenimiento de la infraestructura vial de un país, se debe reconocer que esta tiene una incidencia vital para el proceso de desarrollo de los pueblos.
De hecho, parte del avance de la economía mundial a partir del Siglo XVI, se debió a la aparición del ferrocarril como medio de transporte, ya que esto posibilitó un vínculo entre la producción y el consumo en la mayoría de los países hoy definidos como desarrollados, y también una movilización de trabajadores ansiosos de tener empleos e ingresos.
Así también, la finalización de la segunda guerra mundial dio paso a grandes inversiones en infraestructura vial, sobre en aquellos países devastados por este evento bélico, convirtiéndose en un instrumento para impulsar la demanda agregada y, por vía de consecuencia, el producto interno bruto.
Una mirada desde el ámbito de la microeconomía, también permite observar que una inversión en la infraestructura vial aumenta la eficiencia de los mercados, toda vez que posibilita no solo el desarrollo de determinados sectores productivos –industria, comercio, agricultura–, sino también su integración, induciendo, a su vez, su encuentro con el comercio exterior a través de la cercanía que se produce con los puertos y aeropuertos.
Otro efecto multiplicador positivo de la inversión en infraestructura vial está en el desarrollo regional que se produce, pues la construcción de carreteras, puentes y caminos vecinales impulsa la creación de centros urbanos los cuales se alimentan de insumos del sector rural y, a su vez, retroalimentan a estos con bienes finales.
Con un incremento en la inversión en infraestructura vial, se espera que se produzcan reducciones de precios en la mayoría de los productos, sobre todo los de origen agropecuario; esto así, debido a que nuevas carreteras deberían incidir en una reducción de los costos de transporte, especialmente por disminución del consumo de combustible. Igual resultado debería esperarse a nivel del empleo, pues la expansión de los sectores productivos debería servir para la creación de empleos, tanto directos como indirectos.
Por último, tal es la importancia de la inversión en infraestructura vial, que esta ha sido colocada como un factor de competitividad y, de hecho, los países que muestran mejoras en sus redes de transporte –impulsados por esta inversión–, son aquellos que parecen avanzar más en su nivel de competitividad.
En ese sentido, la RD parece colocarse en una ruta certera con la inversión que ha venido realizando en el campo de la infraestructura vial durante los últimos años. Y eso es algo que se ve, se siente y se puede mostrar.






