“No he fracasado. He encontrado 10 mil formas que no funcionan” –Thomas Edison.
Las economías nacionales están invadidas para siempre por las microempresas. Ellas representan el 99.5% del conjunto de unidades productivas de la región. De esa proporción, el 88.4% son microempresas. La aplastante mayoría de ellas están concentradas en las actividades de comercio mayorista y minorista, así como en la industria manufacturera y, en menor medida, en las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler.
Si bien la contribución de las microempresas a la generación del empleo formal es importante, estudios recientes establecen un mayor dinamismo de las grandes empresas.
En general, más del 60% del empleo formal depende de las mipymes, lo cual destaca su relevancia económica, social y política en una región con un creciente ejército de trabajadores jóvenes desempleados. No obstante, las microempresas, siendo mayoría aplastante en el conjunto (cerca del 89%), responden con solo el 27% del empleo formal.
De hecho, este último porcentaje esconde como una especie de sumidero que acoge la falta de oportunidades y las más variadas expresiones de estrategias de sobrevivencia, autoempleo y ocupaciones de baja calidad, fenómeno resultante de la incapacidad de las empresas medianas y grandes de acompañar el ritmo de crecimiento de la oferta de trabajo anual.
Importante es tomar en consideración que la inmigración ilegal, por lo menos en un primer momento, encuentra en la creación de una microempresa la única opción real de participación en la actividad económica, vadeando así las dificultades de los comienzos.
¿Es el crecimiento de las microempresas un indicador de desarrollo empresarial? Más bien entendemos que muestra la incapacidad de nuestros sistemas productivos de reinventarse incorporando nuevas tecnologías, asumiendo un compromiso sostenido con la innovación y aventurándose en mercados reglados.
Lo cierto es que las micro y pequeñas empresas se especializan en actividades de baja productividad al mismo tiempo que un pequeño grupo de unidades productivas -1.8% del conjunto- son las que están presentes en los tres sectores con los mejores indicadores respecto a esta variable: 27% del valor agregado total.
En contraste, ese pequeño número con tan alta contribución apenas es responsable del 8% del empleo formal. En cuanto a las exportaciones, las grandes empresas son las que cuentan (más del 80% en la región), lo mismo que en relación con las importaciones de maquinarias y equipos.
¿Debemos enfocar el cambio estructural y tecnológico en mercados acotados, dependientes de la demanda interna, con bajas barreras a la entrada y salida, representados por empresas que se distinguen por estrategias de autoempleo y sobrevivencia y no por una efectiva dinámica de desarrollo empresarial?
Sería la mayor apuesta al gallo ciego, aunque sabemos que muchas veces estos pobres animales logran vencer a sus adversarios lanzando picotazos instintivos en la oscuridad.
Lo que hay que hacer ya está escrito en numerosos estudios.








