Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) del 2010 reveló que el cambio climático provocaría una pérdida equivalente al 1% del producto interno bruto (PIB) promedio anual en los países de la región, entre 2010 y 2100, si no se logra un consenso global de mitigación.
Así también, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prevé que, en los próximos 50 a 100 años, las temperaturas en América Latina y el Caribe aumentarán entre 1 y 4 grados centígrados, y que el cambio climático será una de las mayores amenazas para la prosperidad de la región. Esas reflexiones indican que las temperaturas tienen un impacto directo en el crecimiento económico, lo que hace necesario acelerar el paso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y revertir esta tendencia.
Según expertos del BID, los mayores impactos lo tendrán los países con costas al mar Caribe, sobre todo debido a su alta exposición a los desastres naturales hidrometeorológicos, tales como los huracanes, inundaciones, largas sequías, los cuales pasaron de 37 eventos en la década del 1970, a 181 en la última década.
Otros impactos negativos del cambio climático en la actividad económica están relacionados con el aumento de la pobreza, ya que son precisamente los pobres quienes son los más vulnerables a los eventos climáticos, lo que también incide en un aumento de la desigualdad.
La interrogante más importante alrededor de todo lo anterior va en la dirección de: ¿cómo lidiar con el cambio climático, el calentamiento global y las altas temperaturas? Probablemente no habrá muchas respuestas acertadas, pero lo primero que debe ocurrir es que las personas entiendan la magnitud de la situación, se concienticen sobre los impactos que tienen estos fenómenos en la economía y, por ende, en la vida de los ciudadanos y, al mismo tiempo, se accione en todos los frentes para reducir el impacto en las economías.
El reto es enorme y el tiempo para dar respuestas al cambio climático parece que se agotan. Mientras tanto, continúan presentes patrones productivos y de consumo que son insostenibles, con alta dependencia del uso de energías fósiles de altas emisiones de carbono (Cepal, 2015). Se considera que el cambio climático es quizá la mayor externalidad negativa posible.
Una paradoja importante planteada en el estudio de marras de la CEPAL es que el cambio climático es un fenómeno de largo plazo, pero su dinámica de solución requiere de acciones inmediatas, atendiendo simultáneamente los procesos de mitigación y adaptación. Otro elemento para destacar es que el cambio climático es inevitable, mientras que los costos estimados de los procesos de adaptación en ALC son de 0,5% del producto interno bruto regional, muy bajo para lo que se necesita.
En conclusión, las altas temperaturas continuarán mientras permanezca el cambio climático y el calentamiento global, mientras los impactos negativos serán cada vez más fuertes a nivel de disminución de la producción y calidad de los alimentos, ingresos más bajos y alzas de precios.
En ese sentido, el compromiso de países de ingresos medios como República Dominicana, debe ser duplicar la cantidad de recursos que dedica a la adaptación al cambio climático, al tiempo que educa y concientiza a sus ciudadanos para que estos, a su vez, accionen tanto colectiva como individualmente, para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.







