[dropcap]L[/dropcap]a competitividad de la economía dominicana frente a la competencia internacional continúa siendo un elemento de preocupación para la comunidad empresarial. El recién aprobado tratado de libre comercio entre Estados Unidos y varias naciones asiáticas, denominado Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP) es el más reciente reto en este renglón.
Un estudio presentado por el Observatorio Dominicano de Comercio Internacional concluye que al menos 13 productos dominicanos tendrían que enfrentar mayor competencia asiática frente al mercado estadounidense al entrar en vigencia del TTP.
A largo plazo, la única manera de fomentar la competitividad de un país es a través de la inversión en la educación. Esta es una realidad que la humanidad ha podido observar con el desarrollo de países como Estados Unidos durante el siglo XIX y naciones asiáticas en la segunda mitad del siglo XX. La campaña del 4% por la educación recibió un amplio respaldo de parte del empresariado dominicano por esta misma razón.
La inversión en la educación debe tener por lo menos tres ejes: educación hasta nivel de secundaria digna para todos los dominicanos, educación universitaria y post-universitaria para aquellos con vocación para carreras profesionales, y educación técnica para las personas con otras aptitudes.
El Gobierno dominicano se ha esforzado por dar cumplimiento al requerimiento de inversión del 4% del producto interno bruto (PIB) en la educación. Sin embargo, la mayor parte del gasto se ha ejecutado en la construcción de nuevas escuelas, y el monto destinado a mejorar las condiciones de los maestros y la calidad de la enseñanza ha sido muy limitado. Una educación que nos permita competir como país requiere de inversión en el capital humano, no solo en la infraestructura física escolar.
Por otra parte, la educación universitaria en República Dominicana también ha sido deficiente debido a que el enfoque ha sido la repetición y memorización de información en vez de proveer a los estudiantes las herramientas de pensamiento crítico que requiere el mundo moderno. El cambio requerido en este sentido es profundo, y debe ser estudiado con mayor detenimiento.
Finalmente, la educación técnica o vocacional es una herramienta que puede dar dividendos tanto a corto plazo como a largo plazo. Ante una población de bajo nivel académico, este tipo de educación sirve de motor para la mejoría inmediata de la condición económica de la población más vulnerable, además de ser una opción viable a largo plazo para quienes no tengan la vocación requerida en la educación universitaria.











