El estudio sobre la situación de los jóvenes de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan (nini) es tan recurrente como la ausencia de políticas públicas que logren una reversión de este preocupante fenómeno que se encuentra, principalmente, en América Latina y el Caribe.
Pero, ¿quienes son los nini? Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2013), citada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), nini es la población juvenil fuera del sistema educativo, que no está en formación o capacitación, y que está desempleada.
Se trata de una población que potencialmente entraría al mercado de trabajo, e incluye a la juventud desalentada, a la inactiva a causa de una condición de discapacidad, y aquella que lo está porque se dedica a quehaceres domésticos.
Un estudio auspiciado por el Banco Mundial (BM, 2018), existen varias razones para la generación nini. La primera son las barreras a la motivación interna, es decir, la falta de aspiración o predisposición para volver a los estudios o al trabajo.
El estudio agrega que en este perfil están mujeres casadas y con hijos pequeños, viviendo bajo normas sociales que refuerzan su papel de cuidadoras y restringen sus oportunidades económicas. Otro perfil son los que expresaron motivación para volver a trabajar o estudiar, pero no tomaron una decisión porque les faltan las herramientas necesarias para llevar a cabo esta aspiración.
Una de las conclusiones a que se arriba en el estudio del BM es que la culpa no es de los jóvenes, sino que existen condiciones relacionadas con la pobreza y el género que producen un conjunto de barreras difíciles de superar (Muller, M. 2018).
En este escenario aparecen la prostitución, drogas y delincuencia como elementos alternativos para la generación de ingresos en un mundo que convoca al consumo desmedido y a la generación de ingresos a cualquier precio.
En esa misma línea, un documento que trata sobre el Panorama Laboral en América Latina y el Caribe (OIT, 2023) indica que en la región latinoamericana existen alrededor de 20 millones de nini, la mayoría de estos impulsados por la escasez de puestos de trabajo y el desaliento y la frustración que esto produce en la población juvenil.
En el caso dominicano, la ONE (2023), a partir de la puesta en práctica de una nueva metodología de cálculo de los nini, estima que en República Dominicana existe un poco más de 309,000 jóvenes de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan, siendo la mayoría de estos mujeres, con un 63.9% para el 2022. Cuando se amplía el rango de estudio y se miden los jóvenes entre 15 y 29, o de 15 a 35 años, los nini abundan mucho más.
Desde la OIT se proponen diferentes políticas y medidas concretas para aliviar esta situación, una de las cuales es establecer la solución de esta problemática como prioridad de los gobiernos latinoamericanos, así como la dotación de habilidades y conocimientos técnicos para jóvenes, además de promover el emprendimiento y las incubadoras de empresas.
Mientras tanto, aquí en el patio, la propuesta de instituciones llamadas a combatir el desempleo juvenil, como el caso del Infotep, a decir de algunas fuentes, es abrir un Centro de Formación Técnica en la ciudad de Nueva York, dirigido a la diáspora dominicana, la cual tiene ofertas múltiples para formarse en esa urbe. ¿Y los pobres jóvenes dominicanos sin empleo ni educación ni visa -nini-, pa’ cuando?








