El Gobierno dominicano está en campaña abierta para convencer a los sectores productivos, a quienes tienen la capacidad de tomar decisiones e influir en la opinión pública, de la necesidad de una reforma fiscal que le dé algo de holgura para frenar el endeudamiento y mejorar la inversión pública.
La tarea no es fácil. La sociedad dominicana, luego de la reforma fiscal implementada en 1992, sólo ha sido testigo de parches que en nada han aportado a la solución del problema de fondo, que es mejorar los ingresos con el compromiso de bajarle la velocidad al endeudamiento y destinando más recursos al gasto de capital.
Resulta más incómodo si se toma en cuenta que, a pesar de la baja presión tributaria, la cobertura impositiva es bastante amplia en el país. Esta situación dificulta mejorar la capacidad recaudatoria del Gobierno sin tomar sectores sensibles, los cuales se quejan de que cargan muy pesado.
En el fondo, por decirlo de alguna manera, hay otro problema o reto con el que deben lidiar las autoridades. Se trata de alta informalidad de la economía, lo cual dificulta la fiscalización de los agentes económicos.
El sistema tributario, además, es complicado y deja muchas ventanas abiertas para la evasión. Justo por los difícil de gestionar, incluso para las autoridades, es que implica un mayor esfuerzo para todos los agentes económicos.
Ante este contexto retador, las autoridades, principalmente desde el Ministerio de Hacienda, reconocen que hay una preocupación no tanto por la deuda, sino por lo pesada que resulta la carga de los intereses sobre los ingresos fiscales.
De manera implícita, desde las esferas de quienes gestionan el Estado se reconoce que en el corto o mediano plazo hay un reto importante en materia de presión del servicio de la deuda sobre los ingresos, aunque sólo se haga énfasis en lo que representan los intereses. La deuda, al final de todo, es el gran problema para las finanzas.
A mediano plazo, partiendo de las expectativas de las autoridades, lograr una mejor calificación de riesgo sería como una tabla de salvación, toda vez que esto permite emitir deuda a menor tasa, renegociar plazos y, por consiguiente, amainar el impacto del servicio de la deuda sobre los ingresos.
De manera ineludible, el país está frente a un gran reto de corto plazo con la reforma fiscal. Hay que convencer a la opinión pública de su necesidad y lograr que realmente valga la pena en el tiempo.







