La propuesta de reforma tributaria sometida por el presidente Luis Abinader al Congreso Nacional tiene todas las características de una especie de “parche” impositivo en procura de recaudar unos recursos más y así ampliar la cobertura de gastos en áreas específicas.
Sin embargo, no se trata de una reforma fiscal integral como han predicado constantemente representantes de sectores productivos, profesionales de la economía y hasta dirigentes políticos actualmente en el gobierno y otros de la oposición.
Independientemente de la cantidad de videos que ahora aparecen en las redes sociales sobre declaraciones de Abinader cuando era candidato en la posición, en el sentido de que en República Dominicana no se necesitaba una reforma fiscal ni cargar con más impuestos al país, que lo necesario era una administración más efectiva del Estado, lo cual desdice mucho de su actuación ahora desde el Gobierno, la realidad es que, de todas formas, el Presidente está dejando pasar una muy buena oportunidad para “casarse con la gloria” en materia de desarrollo económico y social para el país.
Lo digo por lo siguiente: Luis Abinader tiene ahora el liderazgo y el control legislativo necesarios para hacer pasar las reformas que verdaderamente necesita el país. Además, ha sido un constante predicador de su intención de fortalecer la institucionalidad local, aun cuando es poco lo que ha hecho en esa materia, pues muchas de las propuestas de reformas planteadas, todavía están en el aire. No es necesario citarlas, pues están a la vista.
Pero en el caso que nos ocupa, es bueno recordar que la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo (END) tiene un mandato relativo a tres grandes pactos, entre los que está el “Pacto Fiscal”. Entonces, ahora que el presidente Abinader está en su segundo y último mandato, dado que no se va a reelegir, puede asumir ciertos costos políticos, pero a la vez, dejar un legado valioso para el futuro económico de República Dominicana.
Solo pensemos en esto: el presidente Abinader pudo haber convocado a el Consejo Económico y Social (CES) para que llamara a todos los sectores de la vida nacional a un diálogo “con tiempo limitado”, por hay cierta urgencia con el tema tributario.
Digamos que esa convocatoria sea para darle un plazo no mayor de 90 días sin prórroga al CES para que de ahí salga una propuesta de Pacto Fiscal Integral, con las especificaciones de asuntos tributarios, de ingresos, de gasto público, de formalidad e informalidad, de incentivos, exenciones y desmontes, de todo lo relacionado con la reestructuración del aparato tributario, económico y gubernamental, a los fines de visualizar resultados de equilibrio presupuestario hacia el mediano y largo plazos, con metas específicas.
Una vez elaborada esa propuesta, que sería con base en aportes de toda la sociedad, Abinader pudo enviarla al Congreso Nacional y motivar su aprobación, independientemente de los sacrificios del momento que implicara, en procura de dejar sentadas las bases hacia la estabilidad y crecimiento económico sostenido de República Dominicana.
De esa forma, los méritos para el mandatario serían muchos, pues estaría cumpliendo con el mandato de Pacto Fiscal, lo que no hicieron sus antecesores, además de que el pacto en sí mismo, sería la base para una mayor prosperidad económica, la cual, en los años por venir, tendría que ser atribuida a Abinader como su principal aporte a la sociedad. Un legado que va más allá del solo hecho de ser un expresidente.
Solo hay que recordar aquella reforma tributaria y fiscal integral del año 1992, que todavía hoy, 32 años después, todos los representantes de sectores económicos y sociales reconocen que fue la mejor y la que sentó las bases del crecimiento económico de estas últimas tres décadas.
De esa misma forma, un Pacto Fiscal ahora, auspiciado por Abinader, pudiera significar lo mismo para las décadas por venir, más si se toma en cuenta que el mandatario tiene la meta de duplicar el producto interno bruto (PIB) real del país hacia la próxima década.
Con este parche tributario, eso no sería posible. Sin embargo, con un “Pacto Fiscal” integral, sí se garantizaría esa meta de desarrollo. ¿Y de quien sería el mérito? De Abinader. Pero no. Parece que él ha decidido el mismo camino que sus antecesores. Por lo que será mal recordado en el futuro. Ya lo veremos.










