Llamar a las administradoras de fondos de pensiones (AFP) “inversionistas institucionales” no es solo una etiqueta técnica. Un inversionista institucional administra, de forma profesional, el dinero de terceros -no el suyo- bajo reglas de diversificación y supervisión regulatoria. Ahí caben aseguradoras, fondos mutuos y soberanos, frente al inversionista individual.
Lo que distingue a una AFP es el origen de sus recursos: cada peso viene de una deducción salarial que, por ley, no puede retirarse hasta la jubilación del trabajador. Dinero ajeno, obligatorio y de horizonte de décadas: esa combinación la convierte en uno de los pocos inversionistas dispuestos a financiar proyectos que tardan años en madurar, como un hotel o una planta eléctrica.
Y ahí está el punto central de este artículo: la Ley 87-01, de Seguridad Social, obliga primero a ahorrar, pero hoy, con el fondo ya maduro, la inversión que llega al sector privado no es un efecto secundario de tener una pensión, es la causa de que exista una pensión que cobrar.
En República Dominicana solo cotiza quien tiene empleo formal. Primero la AFP invierte; esa inversión crea más empleos, y solo entonces el trabajador empieza a acumular su propio fondo.
20 años: capital más grande
El sistema de capitalización individual nació a mediados de 2003. Dos décadas después, el fondo cerró 2025 en RD$1.6 billones, tras colocar RD$208,000 millones en nuevas inversiones, 40% más que en 2024. Tiene 5.6 millones de afiliados, pero la informalidad laboral -53.4% según el Banco Central, un mínimo histórico- reduce la densidad de cotización a apenas 41%.
Buena parte de ese ritmo de colocación es formación de capital productivo, uno de los motores detrás del crecimiento dominicano -de los más altos de la región, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectando 3.7% para 2026- y multiplica empleos formales más allá de sus proyectos directos. Para dimensionar esa magnitud: los RD$208,000 millones colocados en 2025 equivalen a 67% de la inversión extranjera directa de ese año (US$5,032.3 millones al tipo de cambio promedio, según el Banco Central), en el mismo orden que el capital extranjero.
EE. UU., en otra escala
Los activos de retiro estadounidenses -IRA, 401(k), pensiones públicas y privadas- cerraron 2025 en US$49.1 billones, más del 170% del producto interno bruto (PIB) -en República Dominicana, ronda el 20%-.
Gran parte está en renta variable: el ahorro para el retiro es uno de los mayores dueños del mercado accionario estadounidense. En República Dominicana, con apenas 0.30% de la cartera en acciones a enero de 2025, el resto son bonos, fideicomisos y fondos que financian proyectos nuevos en vez de comprar participación en empresas establecidas.
Turismo y energía
El turismo concentra hoy el 34% de las inversiones de las AFP y respalda más de 25 proyectos hoteleros; a eso se suman 23 proyectos eléctricos.
Cuando una AFP compra el bono que financia un hotel o una planta eléctrica, ese capital paga la construcción, los empleos y el efecto multiplicador sobre proveedores locales, antes de que exista pensionado que cobrar. El dato concreto: los hoteles de playa recibieron más de RD$20,000 millones de las AFP y generaron más de 2,000 empleos directos, dentro de RD$227,000 millones aprobados en proyectos turísticos en un período de dos años.
Vale reconocer la crítica más común al sistema: cerca de dos tercios del fondo sigue en bonos del Estado, así que las AFP financian el déficit fiscal, no solo el empleo privado.
La oportunidad pendiente
Aquí está la oportunidad que el debate suele pasar por alto: las AFP recaudan más rápido de lo que invierten. De los RD$1.6 billones del fondo, apenas RD$446,532 millones -menos de un tercio- están autorizados en oferta pública al sector privado; el resto va a deuda pública no por ser la mejor opción de rentabilidad, sino porque faltan proyectos calificados en el mercado local.
Lo que le hace falta al mercado es atraer más emisores para “crear mayor oferta”. Esa escasez tiene un costo: más capital compitiendo por los mismos proyectos -hoy, sobre todo turismo- tiende a inflar valoraciones y comprimir el rendimiento del afiliado.
Hay una segunda puerta que República Dominicana casi no ha abierto: el exterior. El reglamento local solo permite hasta 10% en deuda de organismos multilaterales, y solo si financian proyectos dentro del país, así que no hay diversificación internacional real.
La región va en dirección contraria: Chile permite hasta 80% del fondo afuera (tope agregado de sus multifondos); Perú lo elevó a 51% a inicios de 2026; México, más conservador, 20%. La Federación Internacional de AFP (FIAFP) agrupa a República Dominicana entre los países con más restricciones y concentración en activos nacionales, y advierte que ese sesgo limita el riesgo y retorno del afiliado. Ampliar el menú local y diversificar afuera no compiten entre sí: uno sigue generando empleo; el otro alivia la presión sobre los mismos activos que son escasos.
Riesgos que están a la vista
La rentabilidad promedio cayó de 9.79% en marzo de 2025 a 7.92% en marzo de 2026, presionada por el alza de tasas internacionales -el costo normal de diversificar-. Esa cifra es además bruta: la AFP descuenta una comisión anual, sobre el saldo administrado, que baja gradualmente de 1.20% en 2020 a 0.75% en 2029, bajo la Ley 13-20.
Y mientras la informalidad se mantenga por encima de 50%, esa porción de la fuerza laboral seguirá sin poder cotizar.
El 28 de agosto, la Comisión Clasificadora de Riesgos y Límites de Inversión de la Superintendencia de Pensiones (Sipen) aclaró que los fondos pertenecen a los afiliados cotizantes, no a las AFP.
Vale la pena leer esa aclaración junto con todo lo anterior: el dinero es de cada trabajador, pero antes de ser pensión, pasa por una fase que construye empleo -de otra persona o del propio afiliado- sin el cual ese sistema no tendría cómo sostenerse. Ese orden importa más de lo que el debate suele reconocerle.



