Las entidades de intermediación financiera son empresas en las que trabajar como empleado formal es, hasta cierto punto, un privilegio. Sin embargo, aunque los bancos ofrecen facilidades a sus empleados, la actividad laboral en sí no es tan fácil; incluso, en muchos niveles los salarios son bajos, en comparación con la responsabilidad que se asume.
Aun así, un empleo en una entidad financiera es una aspiración de cualquier joven profesional. El tema es que no todos están preparados para mantener el control emocional, moral y ético que se requiere para alguien que, con un salario moderado, muchas veces transa en un día decenas de millones de pesos.
De ahí que, entre las metas por cumplir en cuanto a captación de clientes y de productos como tarjetas de crédito, préstamos, depósitos y aperturas de certificados, adicional a todos los requisitos y pasos previos que se requieren para las aprobaciones, dados los requerimientos legales vigentes, se pueden dar casos de empleados que incurren en errores que les pueden costar su empleo.
Pero, contrario a lo que puede ocurrir en otras áreas económicas, donde una persona pierde su empleo y puede fácilmente buscar otro en el mismo sector, sin que eso implique mayores complicaciones, en el sector bancario es distinto. Una persona que trabaja en el sector financiero y pierde su empleo por una situación irregular, aunque no haya sido ilegal, queda eternamente inscrito en una especie de “lista negra” que le impide volver a conseguir empleo en cualquier otra entidad del sector, aunque sean competencia.
Pero hay algo más. En procura de evitar complicidades y de motivar a los empleados a notificar cualquier irregularidad de algún compañero, las entidades bancarias acostumbran a que, si un colaborador incurre en una actividad inadecuada en un departamento específico, por lo regular, el banco procede a cancelar o botar a todos los integrantes de esa área, no solo a quien cometió y dio origen al problema detectado.
Por ejemplo, suponga que usted es gerente de una oficina o sucursal bancaria y tiene bajo su mando a un grupo de empleados encargados de procesar determinadas solicitudes (aprobar préstamo, tarjeta de crédito, etcétera). Puede darse el caso de que ese departamento haya cumplido las metas de aprobaciones de préstamos en un período determinado, lo cual les agencia ciertos incentivos a los empleados.
Pero resulta que, tras varios meses los deudores de esos préstamos comienzan a atrasarse en sus cuotas, la mora sube y los superiores deciden investigar por qué sucede eso. Si se dan cuenta de que alguno que otro colaborador procedió a aprobar préstamos si hacer la debida diligencia y depuración de solvencia de los clientes beneficiados, se considera eso como una irregularidad grave.
El banco, en lugar de cancelar a ese colaborador o al gerente responsable, lo que hace es cancelar a los empleados del departamento completo, por lo que se van culpables e inocentes. Se puede decir que es una decisión injusta, pero con eso lo que procura la entidad es evitar complicidades en los departamentos. La delicadeza de la labor que se realiza amerita esa forma de proceder.
El problema está en que esos exempleados quedan en la invisible pero real “lista negra” que les impide conseguir empleo en otra entidad de intermediación financiera. Es una especie de muerte laboral, al menos para ese sector en específico.
Si bien los bancos son muy discretos en lo referente a informar las razones por las que prescinden de cualquier colaborador, también es cierto que existe una especie de acuerdo de protección entre esas entidades, aunque compiten entre sí dentro del mercado. Ese acuerdo no escrito implica que, si un colaborador es despedido por razones de cierta delicadeza de un banco específico, no lo contratan en ninguna otra entidad relacionada, ya sea banco múltiple, asociación de ahorro y crédito, banco de ahorro y crédito o corporación de crédito.
Lo anterior ha de servir de orientación a todos y cada uno de los jóvenes que trabajan en entidades financieras, a los fines de que no se dejen tentar por las presiones del cumplimiento de metas, sin antes llenar todos los procesos previos, aunque eso implique dedicar más tiempo y esfuerzo en su labor. Además, para que siempre tomen en cuenta que, ante alguna falla de un compañero, lo ideal es advertirle directamente, en principio, y si no hay cambio, notificarlo a los superiores. Eso no es ser delator, es evitar lo incorrecto.




