[dropcap]E[/dropcap]l abandono de las aulas universitarias, por parte de estudiantes que llegan a ellas con la esperanza de hacerse de una carrera, es muy alto en República Dominicana. Para desarrollar un país es necesario contar con un capital humano preparado, educado y con la suficiente motivación para ser un ente productivo.
Las cifras que refieren el nivel de deserción de estudiantes universitarios no son alentadoras, a propósito del objetivo de desarrollo que se plantea cualquier país. Y las autoridades no deben hacerse de la vista gorda; es su obligación saber por qué sucede y, al mismo tiempo, ponerle un freno. No importa la razón. Cuando un estudiante abandona sus sueños se pierde un protagonista del desarrollo y una oportunidad de salir de la pobreza, cuando de dominicanos de bajos de ingresos se trate.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con un 47.6%, lidera este amargo ranking de los estudiantes de estudios superiores que abandonan las aulas. En segundo lugar está la O&M con 44.7%, seguida de Utesa con 44.7%. ¿Qué quiere decir? Que casi la mitad de quienes ingresan a estas tres universidades no se gradúa, o sea, no finaliza la carrera que les permitirá ser profesionales con una mejor capacidad de emprender un negocio productivo.
La deserción de la Unphu tampoco es baja, pues un 32.1% de quienes ingresan a esta universidad no termina los estudios. En el caso de los centros universitarios privados el factor económico, por la imposibilidad de pagar la matrícula, es determinante. En cuanto a la educación pública, los disturbios en la UASD desmotivan a muchos estudiantes.
Los datos, sustentados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), que a su vez utiliza información de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar), son una voz de alerta para los planificadores del desarrollo, toda vez que para elevar la competitividad del país es imprescindible contar con los recursos humanos capacitados.
Las economías más desarrolladas lo han hecho sobre la base de un sistema educativo fuerte, que apoya el emprendimiento e incentiva la creatividad. Un desertor de cualquiera de nuestras universidades a lo más que podría aspirar es a vivir de un empleo de baja remuneración o a abrir un negocio o empresa cuyo aporte en valor agregado a la economía es insignificante.
Como economía, República Dominicana ha mostrado un crecimiento envidiable en la región. Sin embargo, y para nadie es un secreto, la expansión económica de los últimos años no se ha traducido en bienestar común. Cuando los niveles de educación tocan a la mayoría de la población las posibilidades de lograr equidad también son más altas.
Sólo la irresponsabilidad de quienes han tenido el rol de planificar y actuar con transparencia, ha provocado que hoy miles de estudiantes universitarios no vean su futuro en las aulas universitarias. La responsabilidad, aunque compartida, se enfoca en las autoridades que hemos tenido.
El Estado tiene la mayor cuota. La etapa de preocupación quizá pasó, ahora corresponde ocuparse de esta realidad que en el mediano plazo podría tener consecuencias graves para la economía.





