[dropcap]E[/dropcap]l director de Impuestos Internos (DGII), Magín Díaz, acaba de dar una de las mejores noticias que pudiera escuchar cualquier país: las recaudaciones crecen por encima de lo presupuestado y la tasa de crecimiento duplica la expansión económica. Y lo mejor: todo se ha logrado sin hacer una reforma fiscal y sólo con cambios o mejoras en la gestión de los procesos de fiscalización.
La afirmación del responsable de la mayor parte de los ingresos del Estado confirman que sólo hace falta un ingrediente para mejorar el flujo de caja de la administración pública: voluntad. Impuestos Internos recaudó RD$352,520.8 millones en 2016, un 74.8% del total de los recursos que entraron al fisco. La Dirección de Aduanas captó RD$102,673.6 millones (21.8%) y la Tesorería Nacional cerró el año pasado con RD$16,259.6, un 3.4%.
Díaz dijo: “En estos 11 meses que llevamos en la DGII, las recaudaciones están creciendo por encima de lo presupuestado y estamos creciendo en promedio a una tasa que duplica el crecimiento de la economía, sin hacer reforma de aumento de impuestos, solo con los cambios que hemos hecho”.
Queda demostrado, partiendo del crecimiento continuo de las recaudaciones fiscales, que el problema fundamental (hay quienes lo podría llamar un gran reto) es la calidad del gasto público. Es de orden recordar que el Presupuesto tiene una serie de leyes que le ponen rigideces, las cuales limitan la capacidad operativa del Gobierno. Sin embargo, no todo está amarrado a estos gastos con porcentajes asignados por leyes especiales; el problema sigue en gastar por encima de las posibilidades.
República Dominicana no puede olvidar algunos espejos recientes en los que pudiera reflejarse. Grecia, España, Puerto Rico, Argentina y ahora Brasil. El caso de Venezuela necesita un análisis más profundo. Lo que se impone es una profilaxis del Presupuesto a fin de hacerlo eficiente.
Una de las leyes que mayor rigidez le impone al Presupuesto es la Ley 66-97 de Educación. Cuando fue aprobada, hace 20 años, quizá era aplicable. Pero se perdió un tiempo precioso de casi dos décadas. Su mandato establece que el 4% del producto interno bruto (PIB) para educación se implementara a los dos años de promulgada. Sin embargo, no se hizo. ¿Por qué? Probablemente se entendía la necesidad de mejorar el sistema educativo, pero no se quiso aplicar una higienización del gasto público, haciendo lo más equitativo y racional. El clientelismo y paternalismo endémicos requieren de otro análisis.
Una ley de responsabilidad fiscal pudiera ser una receta idónea para ponerle orden al caos y dispendio que históricamente ha afectado las finanzas del Estado. ¿Qué se necesita para lograrlo? De nuevo hay una respuesta: voluntad. Este concepto, sin embargo, debe ser aplicado holísticamente para lograr la meta de tener una sociedad más equitativa. Ningún sector de la sociedad debe ser excluido.
El director de Impuestos Internos, que habló durante un diálogo que sostuvo con la junta directiva de la Asociación de Industrias (AIRD), que preside Campos de Moya, dio otras pinceladas de lo que es lograr las metas a través de la voluntad. En ese sentido, resaltó que se está haciendo una inversión significativa en infraestructura, mejorando la capacitación del personal y en la ampliación de las áreas para gestionar y hacer una fiscalización preventiva. Por supuesto, se refirió a las cuantiosas inversiones en tecnología para utilizar esta herramienta y evitar la evasión.
Entonces, tomándole el discurso al director de Impuestos Internos, ¿por qué aplicar una nueva carga impositiva al sector de las telecomunicaciones? Lo mandatorio ahora es fiscalizar, gerenciar, evitar la evasión, aplicar los controles adecuados y no generar incertidumbre en la economía. El esquema tributario dominicano es muy complicado y, de por sí, difícil de gestionar. No lo compliquemos más. Aplicar la ley sin mirar a quién.







