[dropcap]D[/dropcap]iferentes tendencias económicas, políticas y sociales marcan la ruta por la que el mundo transita y transitará durante las próximas décadas.
Desde las presiones migratorias hasta el terrorismo, pasando por el incremento desmesurado en el consumo mundial de alimentos, y terminando en el cambio climático y la pérdida de la capacidad de la tierra por retener sus escasos recursos naturales, se pueden observar elementos que están impactando las decisiones de gobiernos, empresas y consumidores.
De manera particular, el incremento en la movilización de una gran cantidad de personas se constituye en un fenómeno que está cambiando la economía y hasta la cultura de muchos países.
Aunque este no es un fenómeno nuevo, su masificación en un esquema en donde la producción mundial de alimentos es seriamente amenazada, crea un desconcierto en relación a si existe un lugar en el planeta Tierra de donde la gente no se quiera ir.
Así, vemos como los africanos saltan en masa hacia Europa, los turcos hace rato invadieron silenciosamente a Alemania, los asiáticos son hoy en día una comunidad mundial, en tanto que los ticos vienen bregando con los nicas desde que se inventaron las guerrillas en Centroamérica, como instrumento de llegar y perpetuarse en el Gobierno.
Más cerca, los latinos (mexicanos, centroamericanos, cubanos y dominicanos, principalmente) hacen grandes colas por llegar a EEUU, inventando y creando novedosas vías de acceso por aire, mar y tierra.
Más recientemente, venezolanos llegan en masa a todos los países, configurando una fuerza que amenaza la estabilidad de determinados mercados laborales, incluyendo el dominicano. De su lado, los haitianos, más ilegales que legales, hace rato se adueñaron del territorio dominicano, sin que a nadie pareciera importarle la problemática futura que esto implica.
A las presiones migratorias globales se le suma el incremento en el consumo de alimentos, sin que se sepa qué harán los grandes productores por satisfacer la necesidad alimentaria de 7,200 millones de almas.
Mientras tanto, el terrorismo se instala como una nueva forma de vida, creando una cultura del miedo global, sin que estén claro los propósitos más allá de las diferencias religiosas. Y como si esto fuera poco, los Estados Unidos nos regalan la incertidumbre que viene del brazo con la “cosa” Trump, un engendro capitalista sin principios, y con un claro indefinido fin.





