El Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) es la organización cúpula del sector privado. En esta entidad convergen diversos intereses empresariales, pero no pierden el foco de hacia dónde deben ir como entes productivos. Su desarrollo es, al mismo tiempo, causa y consecuencia de lo que sucede con el resto de la economía dominicana.
En su reciente comparecencia ante la matrícula de la Cámara Americana de Comercio, Pedro Brache, presidente del Conep, expuso con claridad meridiana lo que los empresarios piensan de la transparencia y de la necesidad de luchar contra la corrupción. Su discurso centró en el imperativo de cuidar la reputación como activo generador de confianza en la economía.
Y fue explícito: “La corrupción se mueve como una onda expansiva, que afecta la reputación no solo del que comete el acto, sino también de su familia, sus relacionados, las instituciones a las que pertenece y de toda la sociedad”. En este mismo orden se ha pronunciado la Asociación de Industrias (AIRD) a través de su presidente, Campos de Moya.
Para el Conep, como parte de su posición institucional, es vital que el país y los sectores con capacidad para tomar decisiones, estén pendientes del fortalecimiento de las instituciones como garante de la seguridad jurídica, condición indispensable para lograr el desarrollo sostenible.
Para Brache, “la lucha contra la corrupción se empieza a ganar en la casa a través de los valores y ética de conducta que se transfieren en el núcleo familiar. Es parte de la vida cotidiana, de cómo nos comportamos en la calle, en el trabajo o en la política. De si nos “comemos” el semáforo en rojo o estacionamos en un lugar indebido; de si cuando vemos algo malo y no decimos nada, o de cuando muchas veces nos es más fácil cumplir las leyes en otros países más que en el nuestro”.
Tal y como plantea, el discurso anticorrupción no sólo debe ser una postura teórica. La práctica dará mejores resultados. La evasión de impuestos, el funcionario que pide coimas para diligenciar documentos o trámites, incluyendo para la instalación de una empresa de inversión extranjera, y el empresario que se deja chantajear, adrede o no, forman parte de la madeja que al final perjudica a todos por igual. Resulta más competitivo transitar en un mercado en el que las oportunidades sean equitativas.
El Conep plantea que no se debe ser permisivo ante lo indebido, no importa el tamaño del hecho. Los pequeños actos tienden a hacerse más grandes y surten peores efectos.
Sin importar si es grande o no, si afecta directa o indirectamente el sector al que se responda, la sociedad nunca debe perder la capacidad de asombro ante los actos de corrupción ni tampoco minimizarlos. Cuando sucede, los ilícitos se convierten en parte de la cultura y la sociedad pudiera hasta llegar a hacerse inmune a ella.
Otro aspecto en lo que el Conep ha hecho énfasis es en la importancia de un sistema judicial independiente y eficiente para el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo de la nación. Desde hace años esta organización empresarial ha seguido de cerca la reforma del poder judicial, la creación y fortalecimiento de la carrera judicial, la reforma del sistema electoral, así como todas las reformas a la Constitución o discusiones legales sobre temas de interés nacional. Cejar jamás debe ser una opción ante la corrupción. El compromiso, y es lo que se espera, debe ser de todos.





